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El capital procura una intervención usando sus medios de comunicación

Uno de los grandes estudiosos de la aplicación del lenguaje en los medios comunicación social para el dominio de las masas, el húngaro Arthur Köstler, llegó a la conclusión de que esta es la más poderosa arma porque puede definir la victoria o la derrota en un conflicto, “es el arma más letal. Sin palabras no habría guerra”. Esta pareciera ser la lógica de la intervención que realiza Estados Unidos contra Venezuela en los actuales momentos.

Las acciones violentas de los grupos fascistas financiados con capital exterior, son insuficientes para que estos lleguen al poder; la solidez de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y sus enlaces con la bases populares son una barrera que no podrían cruzar estos actores criollos por sí solos. Lo que buscan estos grupos, es convertirse en una palanca para crear un clima psicológico que propicie las condiciones para una intervención armada externa.

La agresión armada externa tampoco sería una acción fácil para quienes se atrevan a realizarla, por tanto, esto exige una labor psicológica de desgaste, que se ejecuta a través de esa poderosa arma que fabrica guerras y que decide los resultados de las mismas: los medios de comunicación.

ARMA LETAL PARA LA GUERRA

“El lenguaje, como el terrorismo, va dirigido a los civiles y genera miedo, ejerce violencia simbólica o psicológica. Produce efectos más allá del significado. Las palabras son como minúsculas dosis de veneno que pueden tragarse sin darse uno cuenta. A primera vista parecen no tener efecto y luego, al poco tiempo, se manifiesta la reacción tóxica”. Esta es una de las conclusiones a las que llega el periodista español Vicente Romano en su libro La intoxicación lingüística; la veracidad de la misma se puede constatar al ver la reacción de los llamadas ‘guarimberos’ ante cualquier ‘información’ o matriz de los medios antivenezolanos.

En un artículo publicado en la web de Hispan TV, Marcelo Colussi dice que las guerras no se producen por generación espontánea, para llegar a ellas, “es necesario un condicionamiento social-político-ideológico-cultural que prepare las condiciones”. La criminalización del chavismo, que rápidamente se transforma en linchamientos, violencia, persecución y amenazas, es una mercancía cuya producción y reproducción en cadena se fabrica en los despachos de los medios de comunicación privados nacionales e internacionales, los cuales son propiedad de los poderosos grupos económicos que controlan a los partidos políticos que pretenden llegar al poder a cualquier precio.

El enemigo cuenta con distintas armas de ataque, de las cuales los medios son la artillería permanente, que no cesa un momento el cañoneo sobre la conciencia de los venezolanos y esto persigue un objetivo: “Deshumanizar a la víctima, hay que transformarla en un ‘enemigo’ en una cosa sin valor, un ‘malo de la película’”. De esta manera, con la etiqueta de “miembros de colectivos” se da luz verde a los linchamientos: “solo así se puede saltar la regla básica como es la prohibición del asesinato y permitirse ver al otro como ‘peligro’, un ‘enemigo’ deshumanizado, sin nombre, sin historia, sin sentimientos, pudiéndole quitar la vida sin sentir culpa”.

Todo esto hace que Colussi exprese: para que haya violencia física desatada, organizada y planificada sistemáticamente, es necesario preparar las condiciones que no permitan ver al otro como un ser humano sino como un enemigo, un peligro, un posible atentado contra mi propia seguridad, una cosa maligna. Aquí es donde la guerra psicológica o de cuarta generación, que no es más que la adaptación de las nuevas tecnologías para fines ideológicos de dominación en la lucha de clases, causa estragos.

COMUNICACIÓN SOCIAL Y LUCHA DE CLASES

Venezuela vive una lucha de clases que se agudiza, particularmente, por la enorme cantidad de recursos naturales que posee dentro de sus fronteras geográficas. Estos recursos (de los cuales el petróleo es solo uno), son requeridos por Estados Unidos para mantener en pie sus maquinarias industriales y militares, pero entre los imperialistas y estos tesoros, se levanta como un muro la Revolución Bolivariana y sus políticas soberanas sobre las riquezas de la nación.

La influencia de los imperialistas en la lucha de clases interna cobra dimensiones que saltan de unas formas a otras, de lo político (legal y armada), a lo económico y de está a lo ideológico.

La lucha de clases en lo político acarrea los procesos electorales por un lado y la violencia por otro; en lo económico: las peleas a lo interno de la producción, las luchas sindicales contra los patronos, la corrupción y los malos manejos y la guerra económica; finalmente, la lucha de clases en lo ideológico: se expresa en los medios de comunicación, la guerra de cuarta generación.

BALANCE EN LA GUERRA DE IV GENERACIÓN

Según datos obtenidos del libro Dictadura mediática en Venezuela del Luis Britto García, un reducido grupo de propietarios privados posee 65 televisoras en el país, entre ellas de alcance nacional y regional. Las televisoras públicas de alcance nacional por su parte, no llegan a 5, acompañadas de “incipientes emisoras comunitarias de corto alcance”. Pese a que el espectro radioeléctrico pertenece al Estado, la superioridad de la burguesía es evidente.

Durante varias décadas, explica Britto García, la televisión comercial en Venezuela fue un oligopolio de dos familias constituidas como poderosos grupos económicos: La Organización Diego Cisneros (ODC) y el grupo 1BC. Contra la oposición de esos grupos, surgieron otros magnates de la comunicación como Televen de Camero Zamora, Globovisión, CMT, el grupo De Armas, entre otros. “Estos grupos privados, aunados a las televisoras locales, controlan el 94% de la cobertura nacional y desarrollan el 85% de potencia efectiva irradiada, dejando para el sector público un magro 15%”.

Respecto a la prensa, la propiedad es igualmente concentrada, en el año 2004, en Venezuela “circulaban dos centenares de revistas, una docena de periódicos de alcance nacional y unos 70 diarios locales. Los 6 principales son poseídos cada uno por un específico grupo familiar. En más de uno, el capital extranjero tiene peso determinante. Los propietarios del cotidiano lo son también con frecuencia de un tabloide paralelo, de revistas y otras publicaciones”.

En la actualidad y a pesar de los avances en web y la aparición de impresos como los ‘Ciudad’ (CCS, VLC, Bqto, MCY etc.), que se han posicionado como verdaderos referentes y fuertes rivales de los impresos burgueses, los medios revolucionarios tienen una desventaja cuantitativa que se evidencia en las opiniones de las personas comunes, que han sido envenenadas por las matrices antivenezolanas de los grupos de poder.

A esto se suma el imponente cerco internacional mediático, con sus huestes de periodistas, que no son más que sicarios de la información, a los que solo hace frente la cadena TeleSur y otras de menor impacto en nuestra región.

PREPARAR UNA INTERVENCIÓN EXTRANJERA

Partiendo de esta ventaja de los poderosos en la posesión de los medios de comunicación, el imperialismo se vale de ellos para generar las condiciones de ‘deshumanización’ del gobierno venezolano (como dictadura) y de quienes le apoyan (como colectivos armados). Las acusaciones de narcotráfico, asesinatos, represión, el culpabilizar al gobierno por la escasez que ellos mismos han inoculado con la guerra económica, la imagen de ‘caos’ total que presentan contra Venezuela son fabricación mediática similar a la aplicada contra Siria y Libia poco antes de provocar la guerra civil en esas naciones.

Ningún medio privado ha realizado investigación alguna de los hechos violentos, donde se muestre una realidad incuestionable: que la violencia terrorista se genera en urbanizaciones de clase media y alta, mientras que en las zonas populares la violencia se traduce en agresiones de las primeras contra las personas humildes que habitan en las segundas, en urbanismos, hospitales, escuelas, instituciones del Estado y unidades de transporte.

A propósito de esto, el pasado domingo 28 de mayo, el periodista colombiano (exiliado) Hernando Calvo Ospina, relataba en el diario Correo del Orinoco: “Cuando anuncié a unas pocas personas que venía para Venezuela, les noté inmediatamente una especie de pánico en la voz, mientras me decían: ‘Allá están en guerra’, ‘hay muertos por todas partes’, ‘parece que la policía está asesinando’”.

Calvo prosigue su relato: “Llegué un día de semana por la tarde. Del aeropuerto al centro de Caracas, más de una hora y no vi ni una sola manifestación. Un día después y al día siguiente, recorrí en auto y a pie varios lugares de la capital: ni una manifestación me encontré (…) Pero sí habían existido algunas manifestaciones. Si no las encontré fue porque eran reducidas y en lugares concretos”, al este de la ciudad, situación que parece repetirse en las capitales de algunos estado del país y a nivel de los municipios es prácticamente desconocida.

Pero los medios muestran la situación como ‘un caos total’: “Las manifestaciones pacíficas de ciudadanos descontentos con el Gobierno son autorizadas. Casi nunca pasan de 500 personas, pero es costumbre que antes se instalen cámaras que hace tomas especiales para mostrar ‘multitudes’ que no existen”, prosigue Calvo y agrega: “Algunos encapuchados llevan en sus cascos cámaras que transmiten los actos en vivo”. Explica que los mismos terroristas han publicado videos en los que asesinan, golpean y prenden fuego a personas ‘por tener aspecto de chavistas’, pero los medios optan por no hacer mención a ello, mientras tanto culpan al Gobierno de los asesinatos.

En algunos impresos de capital privado del estado Lara, se ha llegado al límite de glorificar a los terroristas que mantienen secuestradas las urbanizaciones del este de Barquisimeto como ‘gladiadores’ y a los cuerpos de seguridad como ‘represores’ y ‘agresores’. Las condiciones para una ‘intervención humanitaria’ están madurando en las salas de redacción y en las oficinas de las empresas mediáticas.

LAS TAREAS DE LOS MEDIOS PATRIOS

Los medios de comunicación patria, aunque cercados, mantienen una heroica batalla ideológica contra la manipulación y contra la incitación al odio y a la guerra de las clases dominantes a través de sus agencias ‘informativas’. Funcionan como antídoto al veneno de los portavoces de los intereses extranjeros y representan la primera línea de defensa en la guerra de agresión contra Venezuela.

El deber de los comunicadores revolucionarios es cuidar y fortalecer los medios de comunicación patria, de la misma manera que los soldados limpian y hacen mantenimiento a su armas, porque esas son las armas de la revolución en esta guerra de IV generación en la que también saldremos victoriosos.

La criminalización del chavismo, que rápidamente se transforma en linchamientos, violencia, persecución y amenazas, es una mercancía cuya producción y reproducción en cadena se fabrica en los despachos de los medios de comunicación privados nacionales e internacionales, los cuales son propiedad de los poderosos grupos económicos que controlan a los partidos políticos que pretenden llegar al poder a cualquier precio

Recursos naturales de Venezuela:

–       Petróleo

–       Gas

–       Agua potable

–       Metales preciosos (oro, plata, cobre y zinc)

–       Minerales estratégicos (antinomio, bismuto, litio, niobio, torio y uranio entre otros)*

*De estos, Estados Unidos importa entre el 70 y 100%

Propiedad privada sobre las televisoras en Venezuela

–       Organización Diego Cisneros (ODC): Venevisión.

–       Familias Bottome y Granier, Grupo 1BC: Radio Caracas Radio (RCR) y la extinta RCTV

–       Familia Camero Zamora: Televen

–       Ravell y Zuloaga: Globovisión

–       Petrica Zugaro: CMT

–       Bloque De Armas: Meridiano TV

TOTAL: 95% de cobertura nacional y 85% de potencia efectiva irradiada

Propiedad pública sobre las televisoras en Venezuela

–       VTV

–       Vive TV

–       TVES

TOTAL: 5% de cobertura nacional y 15% de potencia efectiva irradiada.

ALEJANDRO GIL RIVEO I CIUDAD BQTO

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