viernes , octubre 20 2017
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German Ferrer, entre la deslealtad y las responsabilidades a asumir

La lealtad, y su contrario, la deslealtad, son conductas humanas que desde siempre han causado repulsión y asco y son una de las pocas desviaciones  que cuestan ser perdonadas entre quienes se ven afectados por sus actos. El traidor es un ser que eternamente vivirá su miseria de vida justificándose y buscándole explicaciones a su proceder, sin admitir llanamente que traicionó  a alguien o a alguna causa por ambición de poder, dinero, dos de las causas más comunes que envuelve tal felonía. La traición envuelve muchas facetas en la justificación de su accionar, pero una de las más trágicas es que el traidor tiene que convencer a quien se vende o al grupo al que se pone a la disposición, que su nuevo ropaje es en serio y lo hace con más contundencia, trata de hacer más daño a su antiguo dueño, para parecer convincente.

Por supuesto que nadie le cree ni lo respeta, ese es el drama del traidor. Todo esto viene al caso con los goteos de traición que cíclicamente se producen en los procesos políticos de Venezuela, sobre todo desde la llegada de Chávez al poder. En el caso específico de German Ferrer puede aplicársele el título de uno de los libros de García Márquez: Crónica de Una Muerte Anunciada. Este personaje, basado en su pasado guerrillero, se estableció en Lara para desarrollar una actividad política, con miras a hacer crecer sus negocios, que ya desde hacía  tiempo venía desarrollando en Caracas. Atrás quedaron sus “heroicidades” y su objetivo no era más que el señalado anteriormente. Esta característica de la personalidad de Ferrer era ampliamente conocida en Lara y el desenlace que ya conocemos por sus posturas de apoyo a su esposa, la fiscal Luisa Ortega Díaz, no deben sorprendernos.

Las mieles del poder y del dinero terminaron minando la poca moral de estos dos personajes y hoy se han convertido en los nuevos héroes de la derecha y del fascismo. Esta experiencia debe servirnos, apoyados en el legado y en la vigencia del comandante Chávez, como una lección para seguir depurando nuestras filas y darle más fuerza a procesos moralizantes y de formación a la militancia del PSUV. El envión del proceso constituyente es el estímulo que debemos aprovechar para dejar de lado las deslealtades de estos personajes como Ferrer y otros, que más les importa el perdón del imperio y de la derecha fascista que el destino del pueblo y de la revolución bolivariana.

Todos tenemos la responsabilidad de evaluar la calidad de nuestros militantes y convencernos, como siempre lo reiteró Chávez, de que es incompatible con la condición de revolucionario el afán de lucro y enriquecimiento personal y familiar, que siguen practicando muchos seudochavistas encumbrados en cargos de poder y de dirección política, tanto a nivel regional como nacional. Basta con ver la lista de quienes hoy, al sentir que el acoso nacional e internacional del terrorismo y el fascismo, piensan que se “hunde el barco” y es mejor buscar acomodo en otro lado, vendiéndose al mejor postor. Igual, no serán perdonados, pero así piensan ellos. En esto la historia es implacable.

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