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A 195 años del poema “Mi delirio sobre el chimborazo”

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El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, recordó este viernes que el Libertador Simón Bolívar, el genio caraqueño que brilló en el campo de batalla, en sumar voluntades por la independencia, que libró territorios y fundó repúblicas, también tuvo una faceta literaria de destacado valor.

En mi delirio sobre el Chimborazo, Bolívar imaginó una América Independiente y Unida, resaltó el Presidente Maduro

El Jefe de Estado a través de su cuenta en la red social Facebook resaltó las virtudes del  Libertador, quien un 13 de octubre de 1822 escribiera “Mi Delirio Sobre el Chimborazo”.

“El Libertador escribió ´Mi Delirio Sobre el Chimborazo´ inspirado en la inmensa montaña ecuatoriana, desde donde se imaginaba junto al padre de los tiempos, viendo a la distancia el futuro de su obra, convertida en una gran nación.

En el poema se reafirma lo elevado y trascendental del pensamiento e ideal de Bolívar, que supo transformar el proyecto de Miranda, los ejemplos de las Revoluciones que ocurrían en aquellos tiempos y construir un concepto de pueblos unidos que no era solo para su momento histórico, sino que trascendía los siglos y superaba cualquier contexto.

“Estamos obligados a 195 años de esta obra literaria, a luchar por la unión, a formar los lazos de que hacen de nuestro continente, una gran patria con la fuerza de nuestra historia y la gloria de nuestras victorias”, dijo el Presidente.

Poema:

Yo venía envuelto con el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de lasaguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo.

Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguilas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que puso la mano de la Eternidad en las sienes del dominador de los Andes.

Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobreregiones infernales; ha surcado los mares dulces; ha subido sobre los hombros gigantescos de los

Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo, no ha podido detener la marcha de la Libertad. Belona ha sido humillada por los rastros de Iris, y yo no podré trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra?

¡Si podré!

Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, pasé sobre los pies de Humboldt, empañando aun los cristales eternos que circuyen al Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: y con mis pies los umbrales del abismo. Un delirio febril embarga toda mi mente: me siento como encendido de un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.

De repente se me presenta el Tiempo, bajo el semblante venerable de un viejo cargado de los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano. –”Yo soy el padre de los siglos, me dice, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio, los señala el Infinito: no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la muerte: miro lo pasado, miro lo futuro, y por mi mano pasa lo presente. ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees acaso que el Universo es algo? ¿Que montar sobre la cabeza de un alfiler es subir? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a los sucesos? ¿Pensáis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Imagináis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano”.

Sobrecogido de un sagrado terror, ¿Cómo, ¡oh! Tiempo, –respondí– no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino el Universo con mis plantas: toco al Eterno con mis manos, siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos: estoy mirando de una guiñada los rutilantes astros, los soles infinitos; he visto sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los libros del destino.

“Observa –me dijo–, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres”. El fantasma desapareció.

Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. Al fin, la tremenda voz de Colombia me grita: resucito, me siento, abro con mis propias manos mis pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio.

Simón Bolívar.

                                                                                                                                                                                                                Ciudad BQTO/VTV/RNV

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