jueves , octubre 19 2017
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ESTADO PARARELO

FOTO REFERENCIAL

Muchos rasgos definen a la derecha venezolana. Quizás uno de los más notorios es su carácter fraudulento. Prometieron acabar con las colas y con el gobierno desde la Asamblea Nacional. Fracasaron. Le vendieron a sus seguidores la renuncia, el juicio político, el abandono del cargo, la destitución por incapacidad mental, el referendo revocatorio y pare usted de contar. Su fracaso está expresado allí, en Miraflores, dialogando y mandando junto al pueblo. Incluso, a veces interrumpe su faena para conversar con su amigo Vladímir Putin. Tumbarlo no ha sido como soplar y hacer botellas. La violencia terrorista tampoco les ha servido. Engañan, frustran y desesperan a su base de apoyo, lo cual los hace aun más amenazantes para la paz del país. Los gringos que dirigen y financian a la oposición, observan cómo en manos de la MUD se van desvaneciendo sus opciones de salir del gobierno que más les perturba su patio trasero.

La derecha apostó casi todas sus cartas a la OEA y lo que lograron fue otro fracaso. Apostaron a la masividad de las manifestaciones en las calles y aunque cada vez son más cruentas, la concurrencia se ha venido desinflando como un globo perforado. Mientras tanto, los partidos hegemónicos en la MUD debaten con partidos más pequeños si participan o no en las venideras elecciones regionales. Un mar de fondo de nuevas contradicciones se avivaron cuando, perplejos, observaron la medida sustitutiva de casa por cárcel para un personaje que querían mantener en Ramo Verde. Los gringos, también frustrados por la pertinaz resistencia de la Revolución, mantienen su retórica hostil y de cuando en cuando vociferan sus embestidas contra la Patria venezolana.

En medio de este juego trancado, sacan del sombrero de la sedición una nueva carta. El llamado plebiscito no es más que el punto de partida para la conformación de un Estado paralelo, al mismo estilo del caso Libia. Necesitan que esta pretensión tenga un manto de legitimidad popular para que sea la base del reconocimiento internacional cuando la auto-anulada Asamblea Nacional comience a designar las autoridades usurpadoras de los Poderes Públicos, convoque a elecciones de un supuesto gobierno de unidad nacional e incluso llegue a definir un esperpento de ejército regular. No es poca cosa lo que busca el imperio y la derecha internacional. Se trata de una jugada diseñada en forma de estocada final. Les queda como anillo al dedo para que termine de estallar una guerra civil, justifique la intervención política y militar extranjera y destruya la revolución de una vez por todas. Al menos ese es el plan.

La cacareada democracia que dicen reivindicar con este plebiscito inconstitucional es tan sólo un ardid retórico, una excusa, un mero recurso instrumental para re-

embelesar a sus simpatizantes y usarlos, una vez más, como carne de cañón de un plan ejecutado en las calles de Venezuela pero concebido por las mentes más perversas de Washington.

La dirigencia opositora sabe lo que está haciendo desde su subordinación a los gringos. Está muy clara del alcance de esta apuesta. Parecen estar convencidos de que ahora sí lograrán derrocar la revolución. Sin embargo, su objetivo estratégico no es atentar contra la Constituyente, aunque impedir su instalación es una misión indispensable en el corto plazo. Su verdadero objetivo es disolver la República, pulverizar cualquier vestigio material o simbólico de la Revolución dentro y fuera de Venezuela, crear un nuevo Estado que les permita a los gringos recuperar el control sobre las colosales reservas de recursos estratégicos que resguarda el pueblo venezolano y poner a la cabeza del gobierno a un presidente y a una clase política obediente y sumisa, como tanto le conviene a Estados Unidos.

Pero deseos no empreñan. Venezuela no está destinada a ser una colonia de nuevo. Tenemos un pueblo cada vez más organizado, consciente y aferrado a la paz. Unas instituciones del Estado alineadas con la protección y preservación de la República, salvo excepciones que confirman la regla. Una Fuerza Armada Nacional Bolivariana cohesionada en torno al proyecto nacional que legó el Comandante Chávez. Un liderazgo revolucionario dispuesto a todo para garantizar la paz, los derechos del pueblo y la integridad de la Patria. Contamos con dos grandes potencias mundiales aliadas, China y Rusia, así como con un significativo número de gobiernos de la región que respetan y respaldan al gobierno democrático bolivariano.

No estamos de manos atadas. El poderío nacional está más activo que nunca y se aviva con cada nueva agresión. La constituyente abrirá nuevos caminos para la Venezuela que Bolívar y Chávez soñaron. Pero no se abrirán sólo porque queramos, sino que hay que disputarlos con grandes poderes globales. Por eso no tenemos otra opción más que luchar hasta vencer para que viva la República, porque es la República en sí misma la que está en juego.

 Luis Quintana

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