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El lado iracundo del río Táchira

La fuerza del río Táchira se ha hecho sentir en los últimos días en la frontera a causa de las lluvias. El afluente ha mostrado un rostro poco apacible, pues la ira de su corriente se refleja en el sonido de lo que arrastra. El nivel se ha mantenido entre moderado y alto, encendiendo las alarmas por parte de las autoridades.

El aumento del caudal del río ha dificultado, en cierta manera, el acceso de ciudadanos a territorio colombiano. Los caminos verdes han estado cerrados por horas; algunos puentes improvisados fueron arrastrados por la furia del afluente, aun cuando siempre están los osados que se atreven a desafiar a la naturaleza.

El río Táchira no solo marca frontera entre ambas naciones: Colombia y Venezuela. Su naciente, desde Delicias, en el municipio Rafael Urdaneta, hasta su desembocadura en el río Pamplonita, en Cúcuta, es fiel testigo de los virajes fronterizos y del ritmo constante de ciudadanos que van y vienen de Colombia por los caminos verdes.

Esos “puentes”, no oficializados, se han visto alterados por las fuertes precipitaciones, las cuales, de acuerdo con los pronósticos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), se mantendrán en los próximos días.

Los motivos que impulsan a cruzar las trochas son variados. Hay gente que trabaja en el vecino país, y también están los que van a hacer diligencias o quienes desean migrar -han bajado las cifras de este grupo-, además de los que tienen alguna cita médica; estos últimos suelen usar el canal humanitario habilitado en el puente internacional Simón Bolívar.

A raíz del actual escenario con el afluente, la Aduana Principal de San Antonio del Táchira ha registrado mayor dinamismo en los últimos días. Además de los pacientes y personas con doble nacionalidad, que tengan la edad exigida para vacunarse contra la covid-19 en Colombia, se dio, en dos ocasiones, el paso para los grupos que estaban varados en La Parada por el cierre de las trochas.

Frente a este panorama, taxistas, mototaxistas y carros “piratas” confluyen en las cercanías de la aduana, ofreciendo sus servicios de transporte a quienes acababan de atravesar el tramo binacional y arribaban a la avenida Venezuela, cerca de la pared metálica, con el anhelo de regresar lo antes posible a sus hogares.

Con información de la Nación

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