
Dice Fabricio en “La Guerra del Pueblo”, que “Venezuela es una verdad axiomática”, que “Solo liberada podrá usar sus grandes riquezas para construir su vida propia, su industria nacional independiente (…) ejercer la soberanía y la democracia plena; resolver, al mismo tiempo, los grandes problemas de trabajo, educación, sanidad, habitación y poder adquisitivo de las clases populares”.
Podemos decir que esa liberación política de la que hablaba Fabricio se dio en estos años intensos de Revolución Bolivariana y Chavista, logrando controlar y redistribuir la riqueza, elevando la calidad de vida del pueblo, pero aún falta avanzar a la transformación definitiva de la economía nacional, su base material, su metabolismo y su carácter, en pro de los intereses de la clase trabajadora y los pobres de Venezuela.
Continua Fabricio en su ensayo: “No se puede pretender que la industria venezolana sea distinta a la de una simple factoría substitutiva de importaciones, sin profundizar, para erradicarlas, en las causas que la mantienen relegada a esa función. El imperialismo que tiene en Venezuela uno de los más importantes mercados de América, y la burguesía importadora que deriva jugosas ganancias de su actividad intermediaria , no podrán nunca, por sí solos, auspiciar desde el Poder, cuyo control ejercen hegemónicamente, una modificación que remotamente pueda significar perjuicio o desaparición de tales privilegios.”
Una economía de carácter revolucionario solo puede construirse con, por y para un sujeto revolucionario: el pueblo pobre y la clase trabajadora en un solo conjunto. No es con “…la oligarquía bancaria y financiera, (…) la burguesía importadora, los latifundistas y terratenientes…”, ni sus aliados de clase en funciones de Estado, “los políticos y sindicalistas mediatizados”, con quienes debemos debatir el modelo económico a construir en el país, pues, “Son fuerzas intermediarias del imperialismo y adversas a la liberación nacional”, como los identificó Fabricio en su momento sin equivocarse. Hoy al ver los rostros de los protagonistas de la guerra no convencional contra nuestro país, podemos confirmarlo.
“Está demostrado (…) que Venezuela vive una crisis integral progresiva cuya gravedad requiere grandes esfuerzos para ponerle fin (…) Sin embargo muchos sectores, conscientes de la necesidad revolucionaria, no acaban de salir del campo de la influencia reformista, de las ilusiones, contribuyendo con su actitud a la prolongación en el tiempo de la situación que agobia al país. Creen ingenuamente, todavía –y ello es consecuencia de una indefinida mentalidad de Poder- que existen otros medios para resolver los problemas nacionales, sin necesidad de exponer sus vidas, su libertad y sus intereses específicos”. Y no estaba equivocado Fabricio.
No separar el debate económico de la lucha de clases, comprometerlo como quien compromete el cuerpo y los principios en la lucha, debe ser la tarea de todo revolucionario chavista. Hoy más que nunca, es necesario señalar a quienes, desde el poder, siguen siendo complacientes con el peculado y la corrupción como conducta, cómplices de la burguesía parasitaria y sectores conservadores que aún permanecen dentro de las filas revolucionarias.
“Lo importante, como lo hemos repetido tantas veces, es decidirse a luchar, imbuidos de una sólida mentalidad de Poder. Tal decisión y mentalidad ha conducido a la victoria a pueblos más pequeños y con menores recursos que el nuestro”, pues “Educándose a sí mismo sobre la experiencia de su propia agonía, se va acercando a la hora en que su parte invisible aflore en realidad y se una con la parte visible que ayer lo mantuvo a la escondida…”: los sueños de una patria libre, soberana, independiente en todas los planos de la vida social, de todo el pueblo venezolano.
CiudadBqto ¡Na' Guará!