Mucho se ha especulado sobre las intenciones de Trump respecto a Venezuela. Hay quienes piensan que sus irreverencias frente al llamado “establishment” tradicional de EEUU y algunas posturas en política exterior –sobre todo por sus planes con Rusia-, abren una ventana de oportunidad para reducir la hostilidad injerencista que caracterizó a sus predecesores. Sobre la base de esta premisa es que algunos compatriotas intentan separar las acciones de la burocracia heredada de Obama de las supuestas verdaderas pretensiones de Trump. Otros piensan que aunque los estilos sean considerablemente diferentes, el interés estratégico de esta potencia se mantendrá inalterable: destruir todo vestigio revolucionario de la faz del continente, con el fin de restablecer plenamente la hegemonía erosionada por el cambio de época latinoamericano.
Hay poderosas razones para pensar que esta segunda hipótesis prevalecerá en el curso de los acontecimientos: La historia y las señales que ha emitido Trump en su primer mes de mandato. La historia misma de EEUU demuestra que independientemente del cambio de gobierno o de las características disímiles de sus presidentes, la doctrina Monroe ha permanecido vigente desde su creación guiando las operaciones de dominación política, económica y militar de este país en nuestra región. Trump no ha dado una sola señal de que esto será diferente. La única pista que ha dado esta administración sobre cómo serán sus planes sobre Venezuela, parece indicar más bien una línea de continuidad.
Esta afirmación se basa, nada menos, en la casi simultaneidad con la cual por un lado, el Departamento del Tesoro sanciona a nuestro Vicepresidente Ejecutivo y, por el otro, el presidente y vicepresidente de EEUU se reúnen con Tintori en la oficina oval, bajo los auspicios del lobby anticastrista. Al respecto, algunos han interpretado que esa sanción fue expresión de agentes del anterior gobierno que aun tienen mando en el actual y que no representa necesariamente la posición de Trump. También se ha dicho que éste recibió a Tintori respondiendo a las presiones del lobby anticastrista. Estas presunciones son legítimas y verosímiles, pero no demuestran ningún indicio de que Trump tiene planes distintos que los de pulverizar nuestra revolución. Ambas señales analizadas en conjunto son perfectamente coherentes con la posición que ha sostenido Washington desde que el Comandante Chávez llegó al poder.
Tengamos claro que cualquiera de los presidentes de Estados Unidos determina sus decisiones respecto a países como Venezuela, a partir de las proposiciones de sus asesores, de las presiones de los lobbies relacionados y de las transacciones/concesiones internas que están obligados a hacer con el congreso, aun teniendo su propio partido la mayoría en ambas cámaras. Siendo Trump un hombre proveniente del mundo de los negocios, es lógico inferir que será aun más propenso de ser influenciado por estos factores estructurales que siempre inciden en las pequeñas y grandes decisiones de los presidentes. Otra razón de peso para pensar que este gobierno mantendrá una línea dura contra nosotros, es que fueron los propios republicanos los que promovieron, aprobaron y extendieron la vigencia de la ley de sanciones contra funcionarios venezolanos, instrumento jurídico que precede y le da el marco al decreto infame de Obama.
Nada parece indicar que estos copartidarios de Trump dejarán de presionar a su gobierno para que tenga acciones cada vez más agresivas contra la Venezuela bolivariana. De nuestro lado, existen propósitos razonables orientados a propiciar una relación bilateral constructiva que considere los intereses comunes, lo cual sin duda nos favorecería ampliamente, pero hasta ahora no hay un solo hecho concreto que nos permita vislumbrar algo distinto al mantenimiento de la injerencia y la vulneración de nuestra sagrada soberanía. Ante estos hechos, debemos mantener nuestro rumbo: exigir respeto, enfrentar al imperialismo, liderar el proceso de unión latinoamericana y continuar siendo uno de los principales propulsores del mundo pluripolar. No tenemos más opción que avanzar y profundizar la revolución para que la Patria viva.
LUIS QUINTANA
CiudadBqto ¡Na' Guará!