
Este domingo 5 de marzo falleció en Barinas Rafael Martínez Arteaga, mejor conocido como “El Cazador Novato”.
Martínez Arteaga nació en el fundo Jurapal, a orillas del raudal de La Érica del Alto Apure, municipio Arauca, el 26 de enero de 1940. Se hizo leyenda al inmortalizar en sus versos las ilusiones, alegrías y penas que viven en el llano y palpitan en el alma del llanero, destramando el pajonal con peinilla y garabato.
El Cazador Novato “representó lo más recio de nuestra cultura” en opinión del comunicador José Roberto Duque, quien también es escritor y lo acompañó en la presentación de su libro “El Llano era de nosotros”, en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) 2014.
Sus padres fueron los araucanos José Fernando Martínez y Ramona Arteaga. Fue criado en medio de las tareas cotidianas de todo hombre de campo.
Con escasos 16 años, Rafael representó a Arauca en el primer Encuentro Nacional de Folclor celebrado en Manizales y ocupo el primer lugar como compositor e intérprete. Aprendió a tocar bandola, guitarra y cuatro. Empezó a hacer canciones. Sin embargo se dedicó por completo a los trabajos del llano, amansador de caballos y vaquero de hato. Lo ponían de apartador porque los animales le obedecían sin necesidad de maltratarlos.
Su primera canción la tituló “Llanura, yo soy tu hijo” y con ella se llevó el galardón en el Torneo Internacional del Joropo en Arauca en 1966. Así comenzó su exitosa carrera por los caminos de la fama.
En el año 1969 grabó su primer larga duración alternando con Tirso Delgado, con el éxito que lo signó para siempre: ‘El Cazador Novato’. “Él que es un hombre tan noble, todo un señor, me invitó a grabar”, dijo Martínez sobre Tirso Delgado. “Sacamos 12 temas, todos los cantó él. Yo solo grabé el poema: ‘El Cazador Novato’, ese fue el primer tema que yo grabé”, relata.
La historia de la canción “El Cazador Novato” es un caso real, le pasó a Juan Santos, un hombre de Cavo Norte. Un personaje que, según narra Rafael Martínez, tuvo mucha plata y quedó en la ruina. Entonces le tocó trabajar de veguero para sostenerse. “Yo trabajaba con ellos y me daba cuenta de todo y ahí fue que le hice el poema”.
Según sus cuentas, tenía unas 300 composiciones grabadas y sin grabar debe haber otras tantas. “Por ahí tengo cuadernos viejos llenos de temas, algunas me sorprenden, las veo y digo: ‘Esto, ¿cuándo lo hice yo?’”, dijo en una entrevista.
Para El Cazador Novato, la letra de sus canciones llaneras era producto del momento vivido. “Si a uno le preguntaban al otro día qué había cantado la noche anterior, usted no se acordaba. La gente improvisaba y no se grababa los versos porque era como un irrespeto con el público decir los mismos versos en un baile” y luego repetirlos en otro. “Los cantantes eran poetas repentinos”.
Sobre su primer recuerdo como cantante, respondió: “Tenía cinco años y debuté en un típico parrando llanero de Navidad en el hato araucano Jurapal. Sin haber preparado nada resulté contrapunteando con grandes copleros de la región y fui, en esa época y dada mi corta edad, considerado como un caso excepcional. Las parejas dejaron de bailar y no faltó quien dijera: ¡ese carajito tiene futuro!”.
Otros de sus títulos son Las mujeres se respetan, La ley del Llano y El viagra, que a ojos de algunos pueden parecer sexistas o superficiales, pero el poeta responde: “Mi enemigo es el machismo, cuando las personas opinan por los demás, cuando son prepotentes e imponen su voluntad”.
“Soy un poeta dicharachero que canto como hablo, no utilizo un lenguaje rebuscado y le debo respeto al público. Con esto me refiero a que, por ejemplo, en el caso del contrapunteo actual el artista muchas veces pasa de la broma al mal gusto y se torna ofensivo. Por eso se relaciona el término contrapunteo con un agarrón”.
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