
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, conocida como Gabriela Mistral, seudónimo que derivó de su admiración por el autor de Mireya, Federico Mistral, fue una autora y maestra que cobró notoriedad en su país y en el resto del mundo como consecuencia de su producción literaria, por un lado, pero también por sus innovadoras propuestas en materia de reforma educativa.
Nació en 1889 en Chile, más precisamente en Vicuña, Provincia de Elqui, Región de Coquimbo.
Fue una de las principales figuras de la literatura chilena y continental, y tal reconocimiento llevó a que el gobierno de su país utilice su imagen en los billetes de 5000 pesos.
La noticia de que había ganado el Nobel la recibió en 1945 en Petrópolis, la ciudad brasileña donde desempeñaba la labor de cónsul desde 1941.
Sus temas predilectos fueron: la maternidad, el amor, la comunión con la naturaleza americana, la muerte como destino, y por encima de todos, un extraño panteísmo religioso que, no obstante, persiste en la utilización de las referencias concretas al cristianismo.
Al citado Desolación siguieron los libros Lecturas para mujeres destinadas a la enseñanza del lenguaje (1924); Ternura (1924), canciones para niños; Tala (1938); Poemas de las madres (1950), y Lagar (1954).
Su poesía fue traducida al inglés, francés, italiano, alemán y sueco, y ha resultado muy influyente en la obra creativa de muchos escritores latinoamericanos posteriores, como Pablo Neruda y Octavio Paz.
Mistral murió a los 67 años debido a un cáncer de páncreas y en su testamento ordenó que todo el dinero recaudado por las ventas de sus obras en América Latina debía destinarse a los niños más pobres de la región.
LA POESÍA DE GABRIELA MISTRAL
De tendencia modernista en sus inicios, su poesía derivó hacia un estilo personal, con un lenguaje coloquial y simple, de gran musicalidad, y un simbolismo que conecta con una imaginería de tradición folclórica. En sus obras expresó temas como el sufrimiento o la maternidad frustrada, así como inquietudes religiosas y sociales que responden a su ideología cristiana y socialista. Poetisa de acento genuino y entrañable, parte de su no muy abundante producción está dedicada a los niños (fue maestra rural durante quince años), y tal vez sea éste el aspecto más conocido y celebrado de su obra. Sin embargo, su verdadera personalidad se revela, sincera, poderosa y conmovedora, en versos por los que circula una intimidad dolorida y una ternura en busca de sus propios cauces de manifestación.
La obra de Gabriela Mistral pasó por distintas etapas; en un primer momento, con la publicación de Desolación (México, 1922), existe un fuerte predomino del sentimiento sobre el pensamiento, a la vez que una cercanía muy estrecha con lo religioso.
Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amaras.
Como una sola flor seremos,
como una flor y nada más.
El mismo verso cantaremos,
el mismo paso bailara.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga y nada más.
Te llamas rosa y yo esperanza;
pero tu nombre olvidaras,
porque seremos una danza
en la colina y nada más.
Gabriela Mistral
ROXANA GONZALEZ PASANTE I CIUDAD BQTO
CiudadBqto ¡Na' Guará!