Una vez más, la derecha venezolana, cumpliendo el guion que le asigna el imperio, se lanza a la aventura terrorista, buscando derrocar al gobierno bolivariano por la vía del golpe de estado. Es una reiteración de su conducta violenta, a pesar de los esfuerzos que ha hecho el presidente Maduro de mantener el diálogo, con el apoyo del Papa Francisco y de tres expresidentes. Esta nueva aventura se hace apenas a un año y 4 meses de haber obtenido un triunfo electoral en las elecciones parlamentarias, triunfo que fue dilapidado por ellos mismos, lo que ha llevado a esta instancia del poder legislativo a una postración y a su autoliquidación, manteniéndose en este momento en desacato.
Todos nos hacemos la misma pregunta referida al por qué no pueden esperar hasta 2018, fecha de las próximas elecciones presidenciales. Las respuestas son múltiples, pero queremos presentar una de las más obvias: carecen de una propuesta seria y alternativa al proceso bolivariano. Esa misma carencia hace que la división sea su fundamental debilidad. Sus errores, el incumplimiento de promesas a sus seguidores, como la de sacar al presidente Maduro en seis meses o declarar su abandono de cargo y la última, destituir a los magistrados del TSJ, destitución que ya habían hecho el año pasado, han ocasionado una pérdida de credibilidad, que se expresa en el poco poder de convocatoria que tienen en este momento, con marchas escuálidas cuya única expresión es la violencia y el destrozo de bienes públicos y privados.
Sin embargo, en esta oportunidad esta violencia tiene el propósito de justificar una intervención del imperio, planificada a través de la OEA. El presidente Maduro ha venido advirtiendo sobre los riesgos de esta nueva intentona de la derecha venezolana y los daños humanos y materiales que ocasionan estas intervenciones “humanitarias” de los gringos. Hasta la saciedad se ha planteado que dichas incursiones militares no discriminan entre chavistas, opositores e independientes y también se ha orientado en que el propósito último es apropiarse de nuestras inmensas riquezas minerales. Todo esto lo sabe la derecha apátrida, pero más vale su ambición y ven como una gran posibilidad hacerse de los mendrugos que les dejarán las corporaciones que vendrán a arreglar los daños de esta “ayuda” solicitada por la derecha.
Como muestra tenemos la situación dramática que vive el pueblo sirio, a pesar de tener un gobierno legítimo, que se dieron dentro de su concepto de soberanía y autodeterminación, pero que no le gusta al imperio, igual como el gobierno venezolano y su presidente Maduro. Eso basta para que la nueva administración gringa, se salte disposiciones de la ONU y unilateralmente inicia una incursión militar bombardeando Siria, para “ayudar” a este pueblo sometido por la “dictadura” de Bashar al-Assad. Cualquier parecido con lo que puede pasar en Venezuela, no es casualidad. Mirémonos en el espejo de Siria y mantengámonos unidos bajo el liderazgo del presidente Maduro.
JULIO C HAVEZ
CiudadBqto ¡Na' Guará!