
La Segunda Guerra Mundial (1938-1945), fue una de los acontecimientos más catastróficos, no solo del siglo XX, sino de toda la historia de la especie humana. Ese conflicto que involucró en un principio a las potencias europeas, se extendió a los rincones más recónditos de Asia y África, así como en los mares de América del Norte y Central.
La cantidad de muertes fue imposible de registrar, por la falta de seguimiento a los acontecimientos, lo cual se derivó de las mismas penurias que significaba la guerra para cualquier tipo de trabajo profesional. Algunos cálculos aproximados, hablan de 60 millones muertes por el conflicto.
Durante la IIGM, hubo masacres espeluznantes, como el genocidio contra los judíos por parte de las tropas alemanas, o la matanza de civiles en la Unión Soviética que se calcula entre 24 y 27 millones de personas. Existen episodios característicos del exterminio de población civil en las ciudades, como el asedio de Leningrado, los bombardeos sobre Tokio, o la literal eliminación del mapa de la ciudad alemana de Dresde por parte de Estados Unidos e Inglaterra.
Por estas fechas de agosto de 1945, a finales del conflicto, EEUU anunció al mundo el descubrimiento de una nueva arma, devastadora en enormes proporciones, se trataba de la bomba atómica. La poderosa arma pasaría desde entonces a ser determinante en la resolución de muchos conflictos, la sola mención de esta bomba, causaba horror en las naciones que no la poseían.
Para coronar su descubrimiento, la potencia norteamericana decide usarla contra ciudades japonesas, causando un innecesario saldo de más de 200 mil muertos civiles en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

USO INNESESARIO
Para 1945, Japón estaba de rodillas. Su industria de armamento se había derrumbado, las importaciones habían sido bloqueadas casi en su totalidad. Para coronar, la Unión Soviética, luego de terminar con Alemania en la captura de Berlín durante el mes de mayo de ese mismo año, inicia las hostilidades contra los nipones. En ese contexto, cuando faltaban días o tal vez horas para la rendición de Japón, EEUU decide ejecutar el ataque atómico.
Debe destacarse que, en las mencionadas ciudades, no existía una industria de armamentos, tampoco bases militares o puestos de dirección gubernamentales. Se trataba de población civil, ninguna de las ciudades era estratégica en la guerra, es decir, los ataques no afectaron en lo más mínimo la capacidad defensiva de los imperialistas japoneses.
INTIMIDAR A LA URSS
A pesar del papel decisivo de la Unión Soviética en la derrota de los nazis, la nación socialista seguía siendo la principal amenaza para los intereses de los Estados Unidos. La liberación de toda Europa del Este por parte del Ejército Rojo, encendía las alarmas de los imperialistas y limitaba sus dominios en el viejo continente. La expansión del comunismo debía ser detenida.
Bajo esas premisas, los imperialistas norteamericanos idearon la guerra fría. Y uno de las primeras acciones para frenar a la URSS, era mostrarles que sus indetenibles y poderosas divisiones blindadas, podían ser detenidas con una devastación sin límites, con armas atómicas. Los norteamericanos informaron a Stalin (dirigente ruso) que poseían una poderosa arma, pero había que demostrarle con hechos hasta qué punto era destructiva esa arma.
Por eso, las cúpulas genocidas que controlaban (y controlan hasta hoy) el poder en los EEUU, decidieron sacrificar a las ciudades japonesas a la devastación nuclear.
La web rusa Sputnik considera que no tiene explicación alguna el hecho de que “los Estados Unidos puedan justificar el bombardeo de dos ciudades y la muerte de decenas de miles de civiles como una estrategia legítima para obtener la victoria, más aún cuando la entrada del Ejército Soviético en la guerra tenía a Japón al borde de la derrota”.
SECUELAS
Las explosiones causaron unas 120 mil muertes en Hiroshima y otras 90 mil en Nagasaki, pero las secuelas siguen causando daños en nuestros días. Las malformaciones y las enfermedades relacionadas con las alteraciones genéticas, provocadas por la radiación liberada con las detonaciones, son muy comunes en ambas ciudades.
La mañana del 6 de agosto, desde unos 600 metros de altura cayó la primera de las bombas atómicas en Hiroshima, la explosión fue equivalente a unas 16 mil toneladas de TNT y creó una onda de calor de 300 mil grados centígrados, la cual derritió todo a su paso con los rayos gamma liberados. Todas las personas que estaban en un radio de un kilómetro y medio, murieron en el acto.
Los incontrolables incendios que devoraron la ciudad, crearon corrientes de aire caliente que elevaron a la atmósfera cantidades de isótopos de la explosión, lo que produjo una lluvia radioactiva que esparció la contaminación. Unas 10 mil personas más murieron en pocos años posteriores al ataque por las secuelas.
El investigador Bertrand R. Jordan, publicó un artículo en la revista Genetics, en el que afirma: “Los supervivientes y sus descendientes quedaron gravemente afectados por varios tipos de cáncer, y su vida, se acortó. El cáncer se incrementó en casi un 50 por ciento en las personas que recibieron dosis de radiación”.
Las consecuencias de las detonaciones de Hiroshima y Nagasaki, años después de la rendición de Japón, fueron de grandes magnitudes, las repentinas ondas de calor en las ciudades, causaron el llamado síndrome de irradiación aguda (ARS), esto ha motivado mutaciones y malformaciones durante todo el tiempo transcurrido desde entonces.
En la actualidad, los imperialistas poseen un arsenal nuclear gigantesco, cuyas armas nucleares y termonucleares a base de hidrógeno y otros componentes, son miles de veces más poderosas y destructivas que las lanzadas contra Japón. Los Estados Unidos son el único país que ha utilizado este tipo de armamento y, si no los uso nuevamente, fue por la presión de Rusia que amenazaba con responderle con ataques similares en su propio territorio.
10 naciones poseen el oligopolio de las armas nucleares en el mundo de nuestros días, estos son: Rusia (7415), Estados Unidos (7000), Francia (300), China (250), Reino Unido (225), Pakistán (90-110), India (60-80), Corea del Norte (9) y la Sudáfrica e Israel (60-200). Los datos fueron recogidos por diversas fuentes militares de las potencias nucleares entre los años 2005 y 2012.
ALEJANDRO GIL RIVERO
CIUDAD BQTO
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