Entre tantos avances que ha tenido el proceso constituyente en Venezuela y sus logros en encaminar al país por la paz y la justicia, queremos trabajar lo referente a la Comisión por la Paz, la Justicia y la Reparación a las Víctimas, que dirige acertadamente la Presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente Delcy Rodríguez. Los resultados de esta comisión son esenciales para lograr la paz, la convivencia y la reconciliación de todos los sectores políticos y sociales del país. El restablecimiento de la justicia y la confianza, por medio de la verdad, es condición necesaria y básica para poder cumplir con los diferentes objetivos de la constituyente, entre ellos la superación de la crisis económica que atravesamos en este momento. En razón de ello, los pasos que demos en este proceso de búsqueda de la verdad y en la aplicación de la justicia tienen que ser dados con sumo cuidado para evitar que algunos sectores se sientan afectados y al final se pierda este esfuerzo.
En tal sentido, tenemos que revisar exhaustivamente experiencias como las de Sudáfrica, con el liderazgo de Mandela, quienes después de la amarga experiencia del apartheid y la segregación racial, lograron amplios espacios de reconciliación y hoy ese país juega un papel importante en la economía mundial y es ejemplo de convivencia pacífica. Se hizo un esfuerzo para que la aplicación de la justicia, por un lado no se convierta en venganza y, por el otro, un sector sienta que sus derechos han sido menoscabados en ese proceso.
La otra experiencia a revisar, más cercana a nosotros, en el tiempo y en el espacio, es el proceso de paz en Colombia, en cuyo proceso jugaron un papel de suma importancia tanto el comandante Chávez, como el presidente Maduro. Este proceso de paz, cuya firma en La Habana no es más que el inicio de un largo camino de reconciliación que ha tenido tropiezos de parte y parte, precisamente por algunas de las razones expuestas anteriormente. En primer lugar, importantes sectores de la FARC-EP no se han desmovilizado por la desconfianza hacia un importante interlocutor como lo es el gobierno colombiano, por las experiencias históricas de procesos anteriores, donde hubo un exterminio de los guerrilleros que se acogieron a acuerdos parecidos y por los ataques que se han producido en algunas zonas desmilitarizadas. El otro obstáculo, de gran peso, es el sentimiento de frustración de amplios sectores de las víctimas de esta guerra de más de 50 años, quienes perciben que la política de perdón hacia las FARC-EP es un olvido sin justicia, sin la reparación de sus daños morales y económicos, mientras que a los guerrilleros se les conceden privilegios que, a su juicio, son injustos y desproporcionados. Más allá de la verdad y la justicia, hay un sentimiento de que el esfuerzo por la paz no debe convertirse en impunidad, ya que, de ser así, ese camino por la paz puede ser infructuoso.
En conclusión, la tarea de nuestra Comisión por la Paz, la Justicia y la Reparación a las Víctimas debe dedicarle un tiempo a estudiar estas experiencias u otras, a fin de evitar tales obstáculos y abrir caminos transparentes hacia sus fines últimos: La paz y la justicia.
JULIO CHAVEZ
CiudadBqto ¡Na' Guará!