Este año, quizá el más extraño de mi vida, he visto sentido, desde el primer día de su llegada grandes sacudidas.
Ha hablando desde lo más profundo, con esa voz que duele, corroe y nos recuerda de nuestra transitoriea e ilusa fragilidad de la que estamos
predeterminados.
Se nos va la gente, estrañameente, así como si nada, se marchan, sin chance a despedida y uno escondiéndose , jugando a toreros para no iniciar el viaje sin retorno aún; como sí fuésemos ríos evitando nuestro infalible encuentro con el mar.
Puede, que haga más adelante agunos esbozos, sobre este tiempo que nos ha tocado nuestras fibras, en profundo, este
maltiempo que ha hundido sus garfio dura y calculadatmante sobre nuestra inocente humanidad desvalida, ha tomado con su fría de hierro aprisionando y sin piedad muestra humilde manoplaiOensibilidad.
Quizá mi condición de historiador me lo permita, no ahora que los dolores se encuentran alojados, a flor de piel escribir sobre nuestro acontecer más, esto puede catalogarse de blasfemia, puede que muchos me acusen de falta de su mal llamada «objetividad», como si este calificativo, alguna vez tuvo ligado a la historia real de los hombres; esa del día día.
Esa que no tiene categorías para vanagloriase, que nos dice: «te mueres más por pobre que por enfermedad, te enfermas para que se vendan los medicamentos»,
el amor es una cuestión de románticos,
los ancianos ya han vivido mucho,
la inteligencia artificial y la comunicación virtual; desplazaron aquella reserva emocionalmente alojadas en eso que llaman cerebro reptil, porque en el lenguaje del super hombre hasta, en su carrera eso nos hacen engreida, « la generación de los infelices infertiles».
¿Qué como veo el futuro?
No soy ni quiero ser un pitoniso para hablar de ello, el presente lo miro con tristeza y, no lo niego, no tanto por la crisis ni la pandemia, no.
Es más bien porque se nos sigue hablando con mentiras. Evidentemente y, para ello usan a las repetidoras, más eficaces que la mente humana pudo edificar, «las redes sociales»
Pero muy a pesar de estos proto hombres, canallas. En el corazón humano se encuentra la clave, es en ese único lugar donde se encuentra el germen milagroso que nos puede salvar: el amor, la maravilla y por suerte ellos, los malos no lo saben.
Arnaldo Antonio Guedez Pérez Nano
Barquisimeto Venezuela noviembre del 2020.
CiudadBqto ¡Na' Guará!