La exposición al aire contaminado puede duplicar el riesgo de pérdida de olfato debido a que las fibras nerviosas sensoriales asociadas a este sentido se localizan en la vía por donde se inhalan las partículas tóxica PM2,5.
La pérdida de olfato o anosmia puede afectar significativamente a la calidad de vida de una persona, al hacer que le resulte muy difícil apreciar el sabor de los alimentos, detectar tóxicos atmosféricos en el entorno, o llevar a cabo otras funciones que dependen de este sentido. Pueden además experimentar problemas de peso, una disminución de sus interacciones sociales, depresión y ansiedad generalizada y, en algunos casos, la pérdida de olfato se ha asociado con la mortalidad en adultos mayores.
La anosmia es uno de los síntomas del COVID-19, pero esta infección no es la única causa de su aparición y una nueva investigación realizada por investigadores de Johns Hopkins Medicine, en Estados Unidos, revela que la exposición prolongada al aire contaminado también puede provocar la pérdida de la capacidad para oler y saborear.
En el estudio que ha llegado a esta conclusión se ha examinado a 2.960 personas de 18 años o más que fueron evaluadas por otorrinolaringólogos entre enero de 2013 y diciembre de 2016. Del total de participantes, 538 fueron diagnosticados con anosmia, la mayoría de los cuales eran varones (339, o el 63%) y tenían una media de edad de 54 años.
El Dr. Murugappan ‘Murray’ Ramanathan, rinólogo y profesor adjunto de otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello en la Escuela Universitaria de Medicina Johns Hopkins ha afirmado que en su estudio “incluyeron a participantes de una variedad de áreas; sin embargo, la mayoría vivían en áreas urbanas donde los niveles de polución eran muy elevados”. “Queríamos evaluar cómo su exposición a aire contaminado por partículas PM2,5 –que son que se pueden inhalar y tienen un tamaño inferior a 2,5 micrómetros, el equivalente a unas 30 veces menos que el diámetro de un cabello humano– podría causarles la pérdida de su sentido del olfato”.
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