Un diminuto rover transformable, denominado SORA-Q, demostró su capacidad de operar de manera autónoma en la Luna.
El equipo es liderado por Daichi Hirano, de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), el cual publicó la información al respecto en la revista Science Robotics.Una vez activo, el rover se desplazó por el terreno, tomó imágenes del módulo de aterrizaje y de su entorno y envió los datos a la Tierra a través de otro robot, LEV‑1, encargado de las comunicaciones.
Funcionó por poco más de 100 minutos antes de perder contacto.El equipo de Hirano explica que, tras el aterrizaje, el dispositivo realizó de manera autónoma su despliegue, orientación y movilización, así como la captura de imágenes para seleccionar cuáles transmitir.
El proceso se realizó con algoritmos de control y visión artificial a bordo, adaptados a una capacidad computacional muy reducida.Además de la miniaturización, el trabajo aborda los principales desafíos de este tipo de plataformas: poca potencia, limitaciones en sensores y dificultades para moverse en el regolito lunar.
Para superarlos, el rover utiliza ruedas excéntricas que mejoran la tracción y un diseño transformable inspirado en mecanismos de juguete.
A pesar del éxito, el sistema presenta limitaciones claras. Solo transporta cámaras como carga científica, depende de otro robot para comunicarse con la Tierra y su tiempo de operación es reducido.
También se registraron pérdidas de datos y problemas de conexión, posiblemente relacionados con los saltos del rover de comunicaciones o con el agotamiento de la batería.
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