María González es una señora de 42 años de edad. Vive en la comunidad La Peña, con sus dos hijos de sangre, uno de crianza y su pareja. Actualmente las condiciones en que viven es deplorable; el techo tiene muchos huecos, y cada vez que llueve, se inundan.
El equipo de Ciudad BQTO, se trasladó a la comunidad La Peña, específicamente al sector tres, ubicada en la parroquia Unión del municipio Iribarren, donde abordó el caso de vulnerabilidad de la señora María González quien vive con su pareja, y tres hijos en condiciones de pobreza extrema.
González, tiene 42 años de edad, tiempo aproximado que lleva habitando en La Peña. Vive con sus tres hijos; dos de sangre, y uno de crianza. Entre ellos está José David González, niño de 11 años de edad, quien tiene déficit cognitivo y dificultad de aprendizaje.
María confesó que su hijo José David es agresivo desde pequeño por situaciones que le tocó vivir, creando una inestabilidad emocional y mental, al punto del querer golpear a otros niños por hacerle bullying tras la situación de extrema pobreza que vive su familia.
«Locos, ustedes lo que son es locos», son parte de las palabras que expresan algunas personas cuando ven las condiciones en que viven, así lo detalló la señora González, quien entre lágrimas en sus ojos, no se pudo contener.

Con piso de tierra, techo de zinc y con muchos huecos en el, comentó que cuando llueve, tienen que hacer maniobras para no mojarse, debido a que la casa se inunda, y ellos para ese momento, solo les toca esperar que escampe.
«Cocinamos en fogón, pero los vecinos se quejan mucho», indicó al preguntarle ¿Cómo hacían para cocinar?. González acotó que no tienen una buena cama y colchón donde dormir.

» Tenemos una perezosa donde duerme José David, puesto que uno de los colchones que teníamos se mojó cuando llovió, y quedó inservible».
En cuanto al entretenimiento de los niños, manifestó que tienen un perro con quien juegan, debido a que el único televisor que tenían, se les dañó.

«No tenemos nada, absolutamente nada, así cómo observan, es como vivimos. Ni cocina, ni nevera, nada».
María explicó que José David, amerita de mayor atención. Sin embargo, últimamente no ha querido comer porque solo tienen arroz con agua para desayunar, almorzar y cenar; inclusive, hay momentos en que no tienen como solventar y se duermen con la esperanza de tener al día siguiente, el pan de cada día.
«La pastilla que José David toma, es muy costosa. Hace una semana convulsionó, y eso me desequilibró aún más; me angustia, porque es primera vez que le sucede algo así».
Tal es el punto de extrema pobreza que les tocó colocar como cerca, unas sábanas deterioradas que les regalaron, para que nadie los molestara con palabras hirientes.
«Realmente no quiero esto para mis hijos, me duele que les digan tantas cosas solo porque no son iguales a muchos otros niños, y más José David, quien está creciendo con mucho rencor en su corazón».
La señora María González hace un llamado a las autoridades del estado, a que se aboquen en poder solventar parte de la situación que vive en la actualidad. «Les pido, les suplico que me ayuden porque así, lamentablemente no podemos continuar viviendo».
Bolsas, escombros, y cajas tiradas, se puede percibir a los alrededores de su casa. Escasamente pueden dormir con la tranquilidad de respirar en un ambiente llamado hogar.
«Gobernador Adolfo Pereira, o Alcalde Luis Jonás, ayúdennos con una vivienda y con lo que salga de sus corazones. Vengan y observen por sí mismos las condiciones tan deplorables e inhumanas que vivimos», añadió González.
Daniela Pérez Rosendo
CiudadBqto ¡Na' Guará!



