El neurocientífico cognitivo Adrian Owen, especialista en neuroimagen, plantea en su libro Think Before You Think: Understanding and Mastering Executive Function que la capacidad de gestionar la propia mente es un factor más determinante para el éxito que el coeficiente intelectual (IQ). Según el experto, las funciones ejecutivas actúan como un sistema integrador que convierte el potencial intelectual en conductas efectivas, decisiones acertadas y metas concretas.
El autor sostiene que los olvidos rutinarios, la procrastinación o la dificultad para regular respuestas impulsivas se deben a fluctuaciones en este sistema, el cual actúa de forma equivalente al director de una orquesta respecto a las capacidades cognitivas.
Principales dinámicas de las funciones ejecutivas:
- Uso práctico de la inteligencia: No miden el nivel de capacidad intelectual, sino la efectividad con la que se emplea en la vida cotidiana. Representan el puente entre el saber qué hacer y el ejecutarlo.
- Procesos integrados: Coordinan de manera silenciosa la planificación, la atención focalizada, el control de impulsos, la regulación emocional y la capacidad adaptativa.
- Impacto en el deterioro cognitivo: El envejecimiento normal y enfermedades como el alzhéimer o el párkinson afectan de manera prioritaria estas capacidades de organización y autorregulación antes que la inteligencia general.
- Mantenimiento y desarrollo: No existe un método único para optimizarlas; su rendimiento depende de la combinación de ejercicio físico, descanso adecuado, gestión del estrés, aprendizaje continuo y relaciones sociales.
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