«Se escuchaba como un trueno muy distante. Al principio todo parecía volver al más absoluto silencio, un silencio ominoso de esos que sólo parecen existir en viejas películas hollywoodenses sobre el fin del mundo. Luego un vasto rumor acercándose y que parecía brotar de catedrales desde hace muchas sumergidas. Fue entonces cuando empezamos a distinguir las voces de una multitud que venía desde el centro (…) cantando el himno nacional» Gracias a una novela así quedará en mi memoria para siempre los primeros segundos de esa detonación. Es hermoso pensar que el ¡Gloria al bravo pueblo! rompía con toda su fuerza la calma de sepulcro en la que vivía el país en aquellos años donde la persecución, la desaparición y la tortura se convirtieron en política de Estado.
Juan Antonio Hernández al escribir “Lo que fue dictando el fuego”, retrata la realidad de un país visto desde los ojos de una juventud revolucionaria. Vemos al movimiento estudiantil y sus protestas. A los barrios y sus dirigentes. A las angustias de toda una generación. Pero sobretodo vemos un homenaje que se deslastra de lo suntuario y expone con realismo, pinceladas de poesía y hasta humor todo el drama de los años 80.
Hay que leer esta novela publicada por la Editorial Trinchera para comprender que con la masacre de Cantaura y Yumare terminó una etapa de la lucha armada en el país, pero también «inició un ciclo, una espiral que, de una manera totalmente inesperada, nos llevó, más tarde, al Caracazo (…) Casi como si fuese el resultado de un argumento de lógica formal o la solución a un problema matemático, la apuesta era contra toda la oscuridad, contra toda la podredumbre de la muerte hecha poder en la Venezuela de eses años». “Lo que fue dictando el fuego” nos hace sentir esos momentos. Nos pone a escuchar ‘A love supreme’ de Jhon Coltrane, a investigar sobre la marcha de las antorchas de Sabana Grande, a volver a Martí. Nos mete en la mente de una juventud idealista o bolchevique hasta colmo de la ridiculez, pero innegablemente revolucionaria y profunda.
Ésta es la literatura que necesitamos, una literatura que sin perder hermosura contribuya con la memoria y nos entregue verdades. Porque no se trata sólo del homenaje sino de lo que somos como pueblo ¿O algún poeta se atreverá a negar el Caracazo y las consecuencias del neoliberalismo, de las recetas del banco mundial? ¿Algún historiador olvidará la respuesta de los gobiernos entreguistas y cerrará los ojos propios y los de los muertos? Escritores como Juan Antonio Hernández y tantos otros, con ese fuego, no lo haremos. No seremos aquellos medios de comunicación que dieron razones a expresiones de indignación como estas: « “Cuando llegue la revolución habrá que fusilar, colgar o degollar a unos cuantos periodistas” dijiste en medio de toda la furia que producía tanto cinismo, tanta violencia disfrazada de libertad de expresión».
Ciertamente la violencia signó aquel tiempo, y hubo violencia de todos los sectores. Y el Caracacazo fue el colmo de la violencia. «Ahora me acuerdo de aquella madrugada, leyendo, de manera desordenada Los condenados de la tierra (…) Tú estabas dibujando algo que no recuerdo en un cuaderno. Fíjate que la terapia que el Doctor Fanón recomienda es que el torturado mate, a cualquier precio, al torturador. No olvido eso que dijiste». Ahora nos queda cumplir esa venganza con otros postulados más poéticos y heroicos, nos corresponde hacer posible el socialismo al son de felicidad del pueblo y dejar en claro que todas las escuelas, hospitales, casas, etc. son gracias a hombres y mujeres que se enfrentaron y lucharon incansablemente, incluso a costa de su propia vida, contra la miseria y por la justicia. Digamos con todo el amor, con Tomas Borge, «Mi venganza personal será el derecho, de tus hijos a las escuelas y a las flores / mi venganza personal será entregarte este canto florecido sin temores».
Ciertamente siempre tendremos guardada la tristeza de aquellos días pues «Como no pudimos ir ni siquiera a tu velorio cada cual hizo su duelo como pudo, completamente solo, aislado, sin nadie con quien conversar durante mucho tiempo» y ciertamente esto pasó y aún existe un pueblo que llora a sus muertos con el peso innombrable de la indignación. Ni siquiera un número de muertos tenemos. Si alguna cifra podemos nombrar fuer la cantidad de balas usadas para la masacre: 4 millones. Pero mayor será el número de nuestras victorias.
Porsia
Amada mía, quiero que sepas que después de recoger los dictados del fuego y leernos a Dalton y haber llegado a su muerte entendiendo el chistecito ese de la aspirina y el comunismo YO NO SOY EL MISMO
Quizá tú pienses que me levanto en las madrugadas a buscar agua en la cocina, pero no, yo me coloco, con los codos en el balcón, a ver al barrio que nos circunda, las casas en construcción, las estrellas y a escuchar las balas que van cayendo
como un cuentagotas sobre el cielo, y siempre se me viene a la mente un malabarista de fuego,
Cantaura, el Caracazo y el Apocalipsis en Solentiname, y se me ocurre tomar un bolso pequeño
y hacer un viaje largo con Julián Conrado: dejar las amarras de esta esperanza que parece un puerto.
Hay que ser muy ilusos, amada, para pensar que todo está hecho.
NOS HACE FALTA ESE VIAJE, DEJARNOS DE INOCENCIAS AL PASAR DOS DIAS EN IRAK VIENDO A LAS MUJERES LLORAR MIENTRAS VEN A LOS NIÑOS BUSCANDO SUS BRAZOS.
EL IMPERIALISMO ES EL COCO Y EXISTE.
¡APLASTALO, AMOR… APLASTALO!
Espero que recuerdes cómo votar, y en caso de ingerenCIA que no se te haya olvidado la cantidad de aire que debes
dejar en la botella para que la molotov sea efectiva, y lee a Franz Fanón y a Fidel y a Bolívar y aprende a escribir el apellido de Libia, tampoco olvides como votar, has salsa brava como los Meza, ten tu crucifijo y no dejes de reír HAS MEMORIA. Importa agarrar el coroto por el mango para no volver al pasado, allí huele a cementerios.
Tenemos un presente que huele abono, pero ¡vendrán flores!
Recuerda esto que te digo con el ceño fruncido, porque uno nunca sabe amor CON TANTO PENDEJO EN LA CALLE, NO ESTÁ DE MÁS, DE CUANDO EN CUANDO, PONERSE PARANOICO Y CREATIVO.
DAVID GÓMEZ RODRÍGUEZ
@davidgomez_rp
CiudadBqto ¡Na' Guará!
