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A FALTA DE LIDERAZGO OPOSITOR: EEUU prepara un ‘salvavida’ de nuevas sanciones

Durante una audiencia en el comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Rex Tillerson afirmó que el Ejecutivo estadounidense trabaja «con el Departamento del Tesoro para desarrollar una lista muy robusta de individuos» para sancionar, en respuesta a la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen, quien le pidió que «incluya a más violadores de derechos humanos» en las sanciones estadounidenses contra Venezuela, reseñó la agencia EFE.

Como resultado de las presiones del lobby anticubano y antivenezolano en EEUU, abanderado por figuras como Ileana Ros-Lethinen y el senador Marco Rubio, el Estado profundo doblega a la administración Trump llevándola por los mismos derroteros conocidos en las gestiones Bush y Obama, que enfilaron acciones coercitivas contra el chavismo, intentando con ello no sólo doblegar el proceso político venezolano, sino también a la propuesta regional y peso geopolítico de Venezuela en la región latinoamericana y caribeña.

TILLERSON: PDVSA EN LA MIRA

La ruta del golpe de Estado contra el Presidente Maduro pasa por Rex Tillerson (ex gerente general de la petrolera ExxonMobil), quien desde su actual cargo no se ha desprendido -como es usual en EEUU- de sus compromisos como agente del corporativismo energético y los lobbys que le han permitido representar la política exterior de la gestión de Donald Trump. No está demás subrayar que las acciones lesivas a la estabilidad venezolana provenientes de EEUU se han acrecentado dramáticamente desde el ascenso de Trump.

El actual Secretario de Estado sirvió durante 40 años a la transnacional estadounidense ExxonMobil (anteriormente Standard Oil). En su gestión como director ejecutivo de ese gigante petrolero, Tillerson intentó despojar a Venezuela de 12 mil millones de dólares en una demanda contra la nacionalización (en 2007) de la Faja Petrolífera del Orinoco y, de manera ilícita, inició en 2015 trabajos de perforación en las costas de la Guayana Esequiba, área en controversia entre nuestro país y la vecina Guyana.

Tillerson tenía un año en la dirección ejecutiva de la petrolera cuando el presidente Hugo Chávez firmó el decreto que establecía la formación de empresas mixtas en la Faja, que beneficiaba al Estado con la mayoría accionaria de al menos un 51%. Todas las empresas aceptaron las nuevas reglas del juego menos dos estadounidenses, entre ellas ExxonMobil.

Diversas fuentes e «informes de prensa», en una especie de cadena de rumores aún no confirmados por fuentes oficiales, afirman que Trump, por medio de Tillerson, está considerando incluso sanciones contra el sector energético de Venezuela, aplicables en territorio estadounidense, pese a que la Casa Blanca aún no ha confirmado esa decisión.

En una nota de Lucia Kassai para la agencia financiera Bloomberg, se especula sobre los «rumores» de sanciones de la administración Trump por «la movida de Maduro, al convocar una redacción de una nueva Constitución». Según Bloomberg, las sanciones irían directamente contra el corazón de la estatal venezolana Pdvsa en EEUU, Citgo, la cual no podría comprar ni procesar petróleo extraído en suelo venezolano, lo que en consecuencia implicaría un aumento significativo de sus costes. Esto infiere un veto a la importación de petróleo venezolano a suelo estadounidense, unos 740 mil barriles por día.

LAS SANCIONES TRAS BASTIDORES

Sobre las sanciones del gobierno norteamericano contra Venezuela, hay algunas claves a sopesar:

1. Las sanciones dirigidas focalmente contra funcionarios venezolanos intentan atemorizar e influir en altos funcionarios, forzar defecciones y pérdida de respaldo al Gobierno nacional. En esencia, consiste no sólo en meros actos de intimidación, revisten en sí mismas sanciones claramente diseñadas para desestabilizar la esfera gubernamental venezolana, como lo hiciera el pasado 18 de mayo con las sanciones del Departamento del Tesoro contra 8 magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

El enfilamiento de baterías contra este poder del Estado venezolano, hoy adquiere su correlato en la decisión ilegal de la Asamblea Nacional (en desacato) de nombrar nuevos magistrados utilizando como sponsor los recursos que ha introducido la Fiscal General Luisa Ortega Díaz, rechazados por la máxima instancia judicial del país por extralimitar sus funciones y ser inconsistentes jurídicamente, al solicitar no sólo destituciones sino la nulidad de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Un dato importante: la Fiscal General Luisa Ortega Díaz solicitó la destitución de 7 magistrados previamente sancionados por el Departamento del Tesoro en mayo de este año.

Esas acciones crearían además incentivos a las acciones violentas perpetradas por el antichavismo en territorio venezolano, que se asume respaldado desde el extranjero, reproduciendo con ello una matriz de deslegitimación de la dirigencia chavista y estimulación del conflicto armado paramilitarizado y dosificado que sigue en vigor en Venezuela.

2. Aunque el gobierno estadounidense no ha admitido (pero tampoco descartado) sanciones energéticas contra Venezuela, es necesario sopesar la viabilidad política de este tipo de acciones. Según EFE, en sus deliberaciones ante el Congreso, Tillerson subrayó que, aunque su gobierno va a seguir «muy implicado» en los esfuerzos regionales para presionar por una solución a la crisis política en Venezuela, «especialmente» en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), también quiere ser cauto en su gestión del tema.

La estrategia de Washington debe ser «productiva y constructiva» para evitar ser «utilizados por el régimen de Maduro como una herramienta para justificar sus acciones», aseguró Tillerson.

En esencia, una acción abierta contra el corazón de la economía venezolana se enmarcaría en un contexto de desesperación total y pérdida de todo desparpajo desde la Casa Blanca, en su mapa injerencista sobre Venezuela. Hoy reconocen que tales acciones afectarían seriamente los pisos de respaldo al antichavismo nacional e internacional, justo en un contexto de golpismo abierto contra el Gobierno de Nicolás Maduro.

3. Tillerson declara sobre Venezuela y anuncia nuevas sanciones frente al Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes en el Congreso norteamericano, donde entre otras deliberaciones se discutió sobre el presupuesto de la Usaid 2018, mecanismo financiero mediante el cual el Departamento de Estado ha sostenido la acción injerencista en el mundo.

Tillerson, para recibir apoyos que consoliden la aprobación de los presupuestos, ha tenido que fijar postura sobre Venezuela frente a figuras claves en el manejo de esos fondos, como es el caso de Ileana Ros-Lehtinen. Es esa una situación de propiedad excepcional, entendiendo que Venezuela es ahora un factor de prioridad en la justificación del uso de los recursos del principal fondo y talante del intervencionismo transnacional, la Usaid, un fondo que además de contar con recursos del Estado norteamericano, cuenta con el patrocinio directo de empresas como ExxonMobil. En esencia, Exxon paga el golpe de Estado contra Venezuela.

Estas amenazas y futuras sanciones puestas sobre el tablero a su vez deben ser comprendidas como una reacción ante el pulso político local e internacional que va tomando el conflicto venezolano. La falta de consenso a lo interno de la OEA para escalar la presión internacional contra el Gobierno venezolano y el desgaste en la movilización de calle por parte de la oposición, obligan al Departamento de Estado a involucrarse de forma más directa en los asuntos internos del país en beneficio de sus operadores políticos.

EXXON MOBIL: LOS SECRETOS SUCIOS DE UNA EMPRESA CON PODER DE ESTADO DENTRO DE EEUU

La sede central de ExxonMobil en Irving, Tejas, es conocida por sus empleados como ‘La Estrella de la Muerte’. Según el escritor y periodista Steve Coll, dos veces ganador del Pulitzer, ExxonMobil es «un Estado empresarial dentro del Estado americano» que, como todas las naciones soberanas «tiene sus propias reglas de política exterior». «A veces sus intereses se corresponden con los del Gobierno de Estados Unidos, a veces se encuentran en oposición y otras sencillamente se quita del medio».

Coll publicó un libro bajo el título «Private Empire: Exxon Mobil and American Power» (Imperio privado: Exxon Mobil y el poder estadounidense) que deja al descubierto a ExxonMobil, una de las empresas petroleras más grandes y poderosas del mundo, que ejerce como un Estado dentro del Estado estadounidense y con muchos secretos «sucios» que han provocado asesinatos, desastres ambientales y penurias a muchos pueblos del planeta.

Coll fue jefe de redacción en el periódico Washington Post y también fue reportero, corresponsal en el extranjero y editor en ese mismo diario. Ganó el premio Pulitzer por segunda vez con su libro «Ghost Wars: The Secret History of the C.I.A. Afghanistan, and Bin Laden, from the Soviet Invasion to September 10, 2001» (Las guerras fantasmas: historia secreta de la CIA, Afganistán y Bin Laden, desde la invasión soviética hasta el 10 de septiembre de 2011). También es autor del libro «The Bin Ladens: An Arabian Family in the American Century» (Los Bin Laden, una familia árabe en el siglo estadounidense).

Tras la publicación de Private Empire, Coll explicó en una entrevista que investigar sobre ExxonMobil “no sólo ha sido más difícil que hacerlo sobre los Bin Laden, sino incluso más que sobre la CIA”. El secretismo y una estrategia de relaciones públicas basada en el No comment forman parte de la cultura corporativa de ExxonMobil, una empresa cuyo talante conservador, disciplinado y ambicioso la emparenta con Standard Oil y John D. Rockefeller, la empresa de la que proviene y su histórico fundador. «Es una empresa invisible porque quiere ser invisible».

De acuerdo a lo encontrado en estas investigaciones, la petrolera estadounidense está incursa en torturas, violaciones y asesinatos en Indonesia, desastres ambientales en Níger y Alaska y otras actividades «non santas» en varias partes del mundo, todo con el apoyo del gobierno de EEUU.

EXXONMOBIL Y DICK CHENEY

Advirtió que la relación personal entre Lee Raymond, el director ejecutivo (entre 1993 y 2005), y Dick Cheney, vicepresidente de EEUU (año 2000, durante el gobierno de Bush, hijo), hizo que el poder de Exxon Mobil se consolidara. «Cuando Cheney dirigía Halliburton y Raymond dirigía ExxonMobil, eran socios. Pero lo más importante es que eran compañeros de caza y venían de entornos similares, del medio oeste de Estados Unidos, y tenían una visión del mundo similar», dijo. Para el directivo de Exxon Mobil, le resultaba muy frustrante hacer lobby ante el Departamento del Estado y pasar por instancias burocráticas. «Entonces intentó evitarlos. Podía hacerlo porque le bastaba con hacer una sola llamada al vicepresidente e intercambiar sus puntos de vista sobre lo que estaba pasando en el mundo. En ocasiones, le pidió a Cheney que interviniera para apoyar los convenios petroleros de ExxonMobil en Medio Oriente», reveló.

FUSIONES Y OTRAS AVENTURAS

Private Empire narra las dos maneras con las que la petrolera estadounidense garantizó sus nuevas reservas: fusiones o adquisiciones de compañías con reservas en mercados donde Exxon no tenía acceso, y expansión en países con reservas e interesados en la tecnología de Exxon para explotar sus recursos naturales.

En la primera parte, destaca la fusión con Mobil, formalizada en diciembre de 1999. Después de sondear posibles acuerdos con otros actores del sector (incluido British Petroleum), Exxon acabó adquiriendo Mobil, una compañía con importantes activos en zonas como África Occidental, Venezuela, Kazajstán, Abu Dhabi, Qatar e Indonesia. La resultante ExxonMobil se convirtió en la petrolera privada más importante del mundo y pronto se convertiría en la mayor compañía de Estados Unidos. Steve Coll además desentraña las actividades de ExxonMobil en países como Chad, Nigeria o Guinea Ecuatorial.

Con la etiqueta de ser una de las empresas más secretistas del mundo, ExxonMobil lleva décadas haciendo complicados equilibrios morales y de poder en países tan distintos como Chad, Indonesia, Guinea Ecuatorial, Venezuela y la Rusia de Vladímir Putin, para hacerse con sus reservas de petróleo.

EXXON VALDEZ, DESASTRE ECOLÓGICO

El relato de Coll arranca con un desastre ecológico que asestó un duro golpe a la imagen del entonces Exxon entre los estadounidenses. La noche del 23 de marzo de 1989, el petrolero Exxon Valdez encalló en las costas del golfo de Alaska y derramó cientos de miles de barriles de crudo.

El desastre coincidió en el tiempo con un cambio trascendental en la situación geopolítica mundial. «El fin de la Guerra Fría pareció al principio un mundo de nuevas oportunidades para las petroleras occidentales –escribe Coll–. Había reservas enormes de petróleo por las que pujar en la extinta Unión Soviética, África y otras regiones».

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