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196 AÑOS DE LA BATALLA DE CARABOBO: La victoria decisiva contra el ejército español

Para 1820, los éxitos militares de las tropas independentistas de Venezuela, obligaron al ejército español a proponer un alto al fuego y regularizar la guerra. Se trataba de una medida desesperada de la corona para evitar la inminente derrota que se avecinaba frente a la colonia rebelde. Tras un levantamiento popular en Maracaibo al año siguiente, los republicanos rompen la tregua y una serie de sucesos conducen a ambos ejércitos a encontrarse en Carabobo.

 

La significación de la batalla de Carabobo para Venezuela, es descrita por el notable historiador del siglo XIX, Eduardo Blanco, como una batalla “hija del heroísmo, concebida en el seno de las tempestades al eléctrico resonar de los clarines, entre el fragor de las batallas, los rugidos del león soberbio, dominador del nuevo mundo, y los himnos triunfales de un pueblo fanatizado hasta el martirio por la idea redentora de independencia y libertad”.

CONTEXTO

La conquista y dominio del territorio que conforma la Venezuela actual llevaba, para 1821, alrededor de 300 años. España moldeó la sociedad primitiva venezolana, según las costumbres, el idioma y las creencias de los europeos. Además, implantó el esquema de desarrollo inherente al feudalismo en los ámbitos económicos, religiosos y políticos.

Pero las relaciones feudales de producción imperantes, cobraban en las colonias latinoamericanas una condición terrible. Al sistema de castas, típico del feudalismo, se sumaban las relaciones esclavistas. La sociedad se componía de cuatro clases fundamentales, los feudales (que eran a su vez esclavistas, sacerdotes, etc.), los campesinos (principalmente indígenas), los esclavos (africanos) y la burguesía; junto a esta última, iba naciendo de su seno una quinta clase, el proletariado.

El sistema de castas era más complejo aún, puesto que era basado en condiciones raciales, a la cabeza de las cuales se encontraban los explotadores, por un lado los blancos peninsulares, representantes directos de la corona española y la iglesia católica, quienes dominaban la política y la economía; sus enemigos directos, la otra cara explotadora, eran los blancos criollos o burguesía (mantuanos), compartían el poder económico con los primeros, pero carecían de poder político, lo que colocaba en desventaja su creciente influencia. Las castas de las clases explotadas eran los mestizos, zambos, mulatos, indígenas y esclavos negros.

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LUCHA DE CLASES

 La decadencia del feudalismo en Europa, se reflejaba como un espejo en América Latina. El poder de los feudales y la iglesia católica se convertía cada vez más en un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. La pequeña producción agropecuaria, la artesanía, la manufactura y los oficios urbanos eran monopolio de la burguesía criolla, mientras en el campo ocupaban con el pasar del tiempo mayores espacios en la producción de café, tabaco, etc., en dos palabras: el capitalismo naciente.

No obstante, las leyes del comercio marítimo y terrestre, así como los impuestos, creados y controlados centralizadamente por la metrópoli feudal, frustraban el desarrollo de la burguesía como clase, tal y como sucedía paralelamente en Inglaterra y Francia. Este freno al desarrollo de las fuerzas productivas, generó la necesidad en la burguesía, de desplazar a la corona para ocupar su puesto.

Así nacieron los clamores de la independencia de España por parte de los mantuanos, cuyo personaje principal era Francisco de Miranda. Los independentistas eran la burguesía en la lucha por instaurar el capitalismo en Venezuela. El estallido de la revolución en Estados Unidos y la Revolución Francesa marcó el camino de la lucha violenta entre ambos sectores explotadores.

Por otra parte, las clases explotadas, principalmente los esclavos y los mestizos, que conformaban la mayoría de la población, luchaban por la libertad contra ambos sectores de los explotadores pero con menos horizontes políticos. Las rebeliones de cimarrones contra la corona, los levantamientos campesinos e indígenas contra los mantuanos eran comunes, pero de ellos existe poco conocimiento porque eran tratados con desdén por los cronistas.

La victoria en esa guerra por el poder, que estaba próxima a estallar entre realistas y burguesía, los primeros por mantener el poder colonial español y los segundos por obtener la independencia que les permitiera tener el control absoluto de los negocios y las leyes del país, se definiría en favor del bando que supiera ganarse para su lucha a las clases explotadas, oprimidas y esclavizadas.

El desprecio que profesaba tanto la burguesía independentista como los realistas contra el pueblo, retrasó el inicio de la guerra. Pero las hostilidades iniciaron como respuesta de los patriotas a la crueldad de los realistas y la saña de la iglesia contra todo lo que presentara una opinión distinta al imperio inquisidor español.

Resultado de imagen para batalla de carabobo ESPAÑA ACERTÓ EN UN PRIMER MOMENTO

ESPAÑA ACERTÓ EN UN PRIMER MOMENTO

 Los ideólogos españoles comprendieron, con las limitaciones de la época, el papel de la lucha de clases. Sabían que el apoyo del pueblo era un factor que frustraría la victoriosa ‘campaña admirable’ liderada por sectores burgueses dirigidos por Simón Bolívar.

El órgano propagandístico de la corona española: la iglesia católica, no perdió un instante en la lucha ideológica contra los independentistas. La propaganda realista, rápidamente comenzó a asociar y a difundir las ideas de república e independencia como sinónimos de explotación contra los campesinos y las castas oprimidas. Con una difusión casi socialista, los realistas agruparon a su alrededor a los campesinos llaneros y prometieron ‘protección real y sagrada’ a los explotados, luchar en favor de la monarquía, significaba luchar contra la avaricia de aquellos mantuanos explotadores y opresores de los humildes trabajadores de los campos cafetaleros, artesanos y campesinos.

Así, se conformó el ejército popular realista de José Tomás Boves, quien bendecido por la iglesia, desmembró la Primera República en diciembre de 1811. Boves es considerado por algunos historiadores contemporáneos como el ‘Zamora realista’.

Resultado de imagen para batalla de carabobo BOLÍVAR COMPRENDIÓ LA LUCHA DE CLASES

BOLÍVAR COMPRENDIÓ LA LUCHA DE CLASES

 Las lecciones de la derrota enseñaron a Simón Bolívar a tomar en cuenta a las masas populares. Comienza una nueva fase de la guerra, en la cual la mayoría del pueblo, engañada y descontenta por el incumplimiento de los juramentos de libertad que prometía España y la continuación del despotismo y el régimen de terror,  se pasó al bando republicano, lo cual definió el peso de la balanza hasta el día de la Batalla de Carabobo.

En su Carta de Jamaica, Bolívar define entre otras cosas, las bases de lo que sería un movimiento republicano vestido de pueblo, la unidad de todos los sectores de la vida nacional contra un enemigo común, la dominación extranjera.

AÑOS PREVIOS A CARABOBO

 “Once años de perenne combate, de perseverante osadía, de continuados sacrificios, en que a la vez se sucedieran nuestras victorias y desastres, contaba ya el gigantesco duelo que en el seno del mundo americano sostenían con la dominadora España sus rebeldes colonias”. Con estas palabras describe Eduardo Blanco las calamidades previas a Carabobo, que comenzaban desde aquel 19 de abril de 1810.

El carácter de guerra civil de la lucha independentista, había quedado en el pasado. Ya los ejércitos realistas no eran columnas de venezolanos comandados por españoles, sino que la metrópoli se veían obligada a traer sus tropas regulares para enfrentarse a un pueblo que en su conjunto era hostil a la corona. No se puede ocultar que muchos sectores apátridas venezolanos le fueron fiel al rey de España, incluso la mitad del ejército español en Carabobo estaba compuesto de ‘venezolanos’. Los herederos de estos apátridas aún existen en la actualidad, son aquellos quienes juran fidelidad al Departamento de Estado de Estados Unidos y a la OEA contra la soberanía nacional.

 Para 1820, España estaba convencida que no podría sostener por mucho tiempo el dominio contra las colonias alzadas en armas. Las bayonetas, desde la batalla de Boyacá, hacían retroceder a los realistas, dejando bajo poder patriota a casi todas las provincias que conformaban el virreinato de Santa Fé. Las tropas españolas en su huida, se ocultaban en las plazas fuertes de Cartagena y Santa Marta o se internaban más al sur, hacia Quito. Otro golpe para España vino a ser la ocupación de Bogotá por las tropas de Bolívar.

“Inmediatamente Bolívar cruza los andes y desciende el Orinoco hasta Angostura donde proclama la República de Colombia (la grande). Paralelamente, Montilla invade el Magdalena; Rafael Urdaneta toma el mando de las tropas reunidas en Cúcuta; Soublette remonta el Orinoco con una fuerte división, y Miros y Valdés se adelantan sobre Somagoso.

Bermúdez, entretanto, apoyado por Cedeño, Monagas y Zaraza, aviva el fuego de la lucha en las provincias orientales, mientas Páez en las llanuras de Apure y Barinas, centro de operaciones contra el grueso del ejército expedicionario regido por Morillo, despliega sus dotes militares”, relata el citado autor.

DE LA CRUELDAD A LA AMISTAD

 Con el propósito de someter a sus colonias, la violencia española ya no surtía efecto. En vano habían sido los asesinatos y la saña contra las familias de los alzados, las cabezas de los decapitados, exhibidas en las plazas públicas (una de ellas la de José Félix Ribas) en lugar de producir miedo, llenaban de rabia y sed de venganza al pueblo, el odio y el sentimiento antiespañol había sido cultivado por la misma corona de Castilla.

En la propia España se desataron unos acontecimientos que deben ser destacados. El 1 de enero de 1820, Fernando VII ordenó la partida de nuevas fuerzas militares hacia América con el fin de sofocar las aspiraciones de independencia. “Pero la opinión pública española consideraba ya inútil todo esfuerzo que se hiciera para imponer por la fuerza la dominación sobre las colonias que estaban en avanzado estado de rebeldía”, relata el historiador Luis Acosta Rodríguez.

Además, prosigue, “los soldados españoles estaban informados de lo mortífero e infructuoso de aquella guerra que se libraba en el Nuevo Mundo. Y en el seno del ejército español, las ideas liberales y democráticas esparcidas por la Revolución Francesa y entonces en plena efervescencia en Europa habían calado profundamente y despertaban anhelos vigorosos de transformación gubernativa. Ahora, el despotismo real aparecía a los propios españoles inaceptable”.

De esto se derivó una revolución militar progresista en la propia España. El grito de insurrección fue dado por el comandante Riego, jefe del batallón Asturias; y todo el ejército hizo causa común con esa actitud. Fernando VII se vio obligado a jurar la constitución liberal de 1812, la misma que él había depuesto al regresar al poder luego de la ocupación napoleónica” y a cancelar el envío de tropas a las provincias alzadas.

Un nuevo sistema se impuso en España, ahora se había convertido en un Estado liberal “y dejaba a un lado el absolutismo monárquico, el despotismo al cual había estado acostumbrada. El nuevo equipo ministerial que ahora actuaba al frente del gobierno español tomaba medidas para extender a las colonias el orden nuevo que vivía ahora la metrópoli. Precisas instrucciones fueron enviadas a los jefes de fuerzas españolas que actuaban en América en el sentido de buscar una reconciliación con los jefes de la revolución de independencia”, narra Acosta.

Pero era demasiado tarde, los rebeldes no estaban dispuestos a continuar bajo el dominio español, ni democrático ni menos aún monárquico. El general Morillo se dispuso a publicar y poner en vigencia la constitución liberal en junio de 1821 en Venezuela, creía el gobierno español que con esta medida se lograría la pacificación de las colonias y que la paz podría acordarse con negociaciones sobre la base de la continuación de las colonias formando parte de España, pero en igualdad de derechos bajo el modelo de democracia.

Ahora España se presentaba con una nueva máscara, de amistad y de conciliación. Se proponía a Bolívar y al gobierno de Angostura jurar fidelidad a la constitución liberal española a cambio de enviar diputados criollos a las cortes o parlamentos de Madrid en igualdad de condiciones. Además, se proponía un alto al fuego de un mes. Los venezolanos rechazaron de manera unánime y tajante esas propuestas.

Bolívar prosigue una ofensiva similar a la Campaña Admirable desde Cúcuta hasta Trujillo, donde recibe la invitación de Morillo para conversar. Se llegó a duras penas a un único acuerdo de pactar una tregua. El mencionado armisticio trajo grandes ventajas al bando patriota, pues como señala Gil Fortoul, permitió a los independentistas “organizar mejor el ejército republicano, circular el plan de la próxima campaña entre las diversas divisiones repartidas en un territorio inmenso y preparase a librar una batalla definitiva”.

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CARABOBO, LA BATALLA FINAL

 El encuentro de Bolívar y Morillo en Santa Ana, oficializaba una tregua pactada para una duración de seis meses, pero había intereses sobre los cuales no se podía llegar a un acuerdo entre ambas partes. Los independentistas no estaban dispuestos a abandonar sus propósitos de soberanía y de república; los españoles consideraban inadmisible separarse de sus colonias. Era cuestión de tiempo para que cualquier incidente reanudara las hostilidades.

La insurrección de Maracaibo, baluarte realista, en 1821 vino a ser el factor que reanudó los combates. El 28 de enero de ese año “una asamblea popular promovida por las mismas autoridades españolas, es decir por el cabildo y por el gobernador de la provincia, declaró que el territorio de Maracaibo se constituía en república democrática y se unía a los pueblos de Colombia”, narra Fortoul. Al día siguiente un destacamento patriota ocupó la plaza.

A partir de entonces, se reanudaron los combates previos a la gran y definitiva batalla en el campo de Carabobo. Las hostilidades comenzaron el 28 de abril de 1821, cuando los españoles solo ocupaban las plazas de Caracas y Cumaná y bajo su mando tenían soldados aguerridos y bien disciplinados pero con una moral baja que contrastaba con el alto tono anímico de los combatientes republicanos.

Tanto el nuevo jefe militar español La Torre, que sustituyó a Morillo, como El Libertador Simón Bolívar, “coincidieron en orientar las operaciones militares, una vez rota la tregua del armisticio, conforme a un plan de concentración de fuerzas para librar una batalla decisiva. No se quería prolongar más la guerra en acciones dispersas sino arriesgárselo todo en una batalla campal que decidiese de una vez la suerte de la lucha”, explica Luis Acosta Rodríguez.

La Torre situó sus fuerzas principales en la llanura de Carabobo y Bolívar concentró las propias en San Carlos el 15 de junio para, a partir de allí ir a encontrarse con los realistas y librar la batalla de Carabobo, en la cual 6400 patriotas se enfrentarían a 5180 realistas.

En este espacio no se relatarán los detalles del combate, para ello se recomiendan los trabajos de Augusto Mijares, Eduardo Blanco, Daniel del Río, Carlos Fagúndez, Tomás Polanco Alcántara entre otros historiadores. Solo se puede rescatar que la lucha en Carabobo el 24 de junio de 1821, fue encarnizada y dramática. Al final, al ser derrotados, los españoles huyeron en desbandada hasta Puerto Cabello, último punto geográfico de un imperio que durante 300 años había extendido su poder absoluto sobre todo el territorio nacional. Menos de tres años después, José Antonio Páez concluyó el asalto de Puerto Cabello, eliminando el último refugio de la España colonizadora en suelo patrio.

ALEJANDRO GIL RIVERO | CIUDAD BQTO

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