Lunes , Julio 24 2017
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Yo crecí entre bromelias: Entrevista a Yanuva León

POR JOSÉ MIGUEL MÉNDEZ CRESPO

 

@josmiguelm87

 

Poeta, cuando abrimos un libro se despierta la curiosidad y procuramos descifrar sus enigmas, su misterio. He recorrido tu obra buscando adivinar tu intuición, pero más allá de mi apreciación como lector, me gustaría que tú misma hablaras de tu obra, para tener un acercamiento más íntimo. ¿De dónde proviene Como decir cántaro?

 

Es un poemario que demoró muchos años en proceso de gestación, más de una década. Allí hay poemas, incluso, de cuando aún no había terminado de salir de esa etapa a la que llaman adolescencia; muy pocos, tal vez un par, porque el resto de poemas que escribí por aquel tiempo los borré de la faz de la tierra para bien de la humanidad. (…) En definitiva es un libro que más o menos recoge las metamorfosis de las personas que me habitaron y en gran medida me atormentaron a lo largo de muchos años, en mi primera juventud, si se quiere. Como decir cántaro (…) no se trata de una pregunta sino de una comparación, es una obra a la que me costó mucho dar forma, es realmente la enunciación de una necesidad: poder definir mi angustia vital (…) 

 

El poema “Chocolate con queso para mi nieta”, es una poética metaficcional. Por un lado ese afán de volver a las entrañas de un abuelo y por otro lado, esa forma de retratar un “colombiano de plátano sin Colombia”. ¿Será que hay una conexión entre una realidad anhelada de tu abuelo y la realidad de una Colombia que históricamente se ha enfrentado a un conflicto armado?

 

(…) es una crónica poética, una añoranza (…). Es parte de la historia de mi abuelo paterno, quien, junto a mi abuela, me criaron a mí y a mi hermana. Ambos padecieron una vida que no merecían, como no la merecen tantos millones de colombianos y en general miles de millones de desposeídos en el mundo. Mis abuelos compartieron una vida llena de penurias, de injusticias, de trágicas experiencias: desplazamientos, despojos, explotación, discriminación, hambre, miserias. (…). Los desmanes del poder político ‒que es lo mismo que decir el poder económico‒ colombiano, desde el nacimiento de esa República en el siglo XIX, han estado enfilados siempre contra el pueblo: los campesinos, los obreros, como diría Alí: los descamisados. (…) 

 

En tu obra hay una división de tres segmentos, un portalón inicial titulado “Decir memoria”, luego “Decir cuerpo”, y por último “Decir palabra”. ¿Cada segmento es una etapa poética?

 

No. No tiene que ver con etapas de mi proceso creativo  (…) Esa estructura se la debo en gran medida a Dannybal Reyes, quien fue el editor del libro. Él se enfrentó a la difícil tarea de concebir un andamio que sostuviera sólidamente los fragmentos de una cosa que no nació completa. Él identificó esas tres tendencias en mi poética: la de rememorar, la de acudir hacia lo concreto y sensorial, y la de asumirme lenguaje. Cuando me mostró el libro unificado bajo ese criterio, acepté finalmente su condición de obra, admito que me sorprendí y me emocioné. La verdad fue como plantarme frente a un espejo por primera vez. María Alejandra Rojas me ayudó en la etapa previa, me animó toda vez que desistí, ella evitó que mandara al infierno de los poemas varios de esos que hoy componen (ya para siempre) el poemario (…) 

 

En tu obra existe una poética erótica que se mezcla con los elementos propios del campo y sus frutos. ¿Cómo juega el erotismo dentro de tu discurso poético?

 

Confieso que de todos los elementos que pudiera identificar con cierta seguridad como edificadores de ese poemario, no me atrevería a mencionar el erotismo. Sin embargo, varias personas me han comentado que encuentran algo de sensualidad y sobre todo un marcado tono femenino, esto último la verdad no he sabido cómo interpretarlo. (…)

En tu poética existe un escudriñar no tan urbano, es decir, siento más la naturaleza del campo, me impresiona que una poeta que vive en el bullicio y el smog de la urbe caraqueña retrata otras perspectivas poéticas que se desplazan al campo. ¿Recurrir al campo en tu obra es una forma de escape?

 

Mis abuelos paternos practicaron muchos oficios, entre ellos la jardinería y la floricultura. (…) Lo cierto es que gracias a eso, a finales del siglo XX y a poca distancia de la metrópoli capitalina, yo crecí entre bromelias, calas, orquídeas de muchos tipos, aves del paraíso, naranjos, mandarinos, guayabos, aguacates, matas de cambur, lagartijas, sapos, saltamontes, arañas, hormigas, gigantescos tanques de agua, mangueras, tierra, cascajo, helechos (…). Así que mientras mis abuelos soportaban el ardor de faenas de duro trabajo, sin sentarse, con el sol a horcajadas sobre ellos, inhalando y exhalando sustancias tóxicas que se tragaban sus energías vitales, desprovistos de los más básicos medios de protección para engordar las arcas del fulano alemán, mi hermana y yo correteábamos por debajo de hileras de mesones que sostenían cientos de semilleros, reptábamos sobre alfombras de grava, subíamos y bajábamos en bicicleta fabulando que éramos vaqueras cabalgando veloces caballos, coleccionábamos insectos en frascos de vidrios (…)

 

¿Cuál es el papel y los retos del poeta ante esta crisis y ante la oleada de violencia que estamos viviendo en el país? ¿Cómo se puede asumir desde la literatura este momento difícil que vive Venezuela?

 

(…) desde la escritura es que advengo como sujeto político. Entiendo que el reto primeramente está en leer la realidad lo más objetivamente que se pueda, y comprender que somos piezas activas del acontecer. (…) Mi poética está volcada toda contra los horrores de este sistema que como un abultado insecto succiona el ánima de todos los pobres de la tierra, que engulló sin clemencia los pulmones de mi abuelo, por ejemplo,  que devoró el hígado de mi abuela. Yo, ni como ciudadana, ni como mujer, ni como poeta, estaré nunca del lado de los que convocan a incendiar un país (…)

 

Si tuvieras una biblioteca donde solamente cupieran 5 libros de tus escritores favoritos, ¿cuáles escogerías?

 

(…) Creo que escogería Cien años de soledad de Gabriel García Márquez; Don Quijote de la Mancha de Cervantes; Los desposeídos de Ursula Le Guin; Molloy de Samuel Beckett, y La Ilíada, de Homero. Igual te advierto, si me preguntaras esto nuevamente mañana, de seguro nombraría otros cinco, y así cada vez que volvieras a preguntarme.

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