
El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (International Day for the Elimination of Violence against Women) se celebra todos los años el 25 de Noviembre. Fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 50/134 el 17 de Diciembre de 1999, en memoria de las hermanas Mirabal.
El motivo que llevó a la República Dominicana a solicitar este día fue por el macabro asesinato de las tres hermanas Mirabal, activistas políticas dominicanas, hecho que tuvo lugar el 25 de Noviembre de 1960, por órdenes del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
La violencia contra las mujeres es de muchas formas: física, sexual, psicológica y económica. En Venezuela la Ley orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia tipifica 19 tipos de violencia, incluida la violencia patrimonial de la que poco se conoce y la trata, que cruza las fronteras nacionales. Estas formas de violencia se interrelacionan y afectan a las mujeres desde el nacimiento hasta la edad mayor.
LA IMPUNIDAD PERPETÚA EL CÍRCULO DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
La violencia contra las mujeres no se confina a una cultura, región o país específico, ni a grupos particulares de mujeres en la sociedad. Las raíces de la violencia contra la mujer yacen en la discriminación persistente contra las mujeres.
Un sinfín de crímenes en contra ellas ocurren regularmente en diversos países, pero raramente aparecen en los titulares de los medios, generan indignación pública o llevan a las altas autoridades a tomar acciones.
La violencia en contra de las mujeres y las niñas se ha perpetuado por siglos de dominación masculina y de discriminación basada en el género. Dicha violencia está cimentada en normas profundamente enraizadas en la sociedad, las cuales sólo les reconocen valor a las mujeres a partir de nociones discriminatorias de castidad y honor, y es frecuentemente usada para controlar y humillar, no solamente a las víctimas, sino también a sus familias y comunidades.
En situación especial se encuentran las mujeres que viven en estados ocupados como Palestina, en la que las restricciones de movilidad, la reducción de las oportunidades de educación, entre otras cosas, tienen efectos nefastos en la vida de las mujeres.
EL ESTADO, OBLIGADO A GARANTIZAR LA JUSTICIA
Se calcula que a nivel mundial, una de cada cinco mujeres se convertirá en víctima de violación o intento de violación en el transcurso de su vida. La práctica del matrimonio a temprana edad, una forma de violencia sexual, es común a nivel mundial, especialmente en África y Asia meridional. Las jóvenes con frecuencia son obligadas a contraer matrimonio y a tener relaciones sexuales, con los consiguientes peligros para la salud, como la vulnerabilidad al VIH/SIDA, limitando, por otra parte, su asistencia a la escuela. Los Estados parecen garantes de esas situaciones.
Sin embargo, para el año 2005, según el UNFPA se determinó que en más de 45 países ya se cuenta con una legislación específica sobre la violencia doméstica y un gran número de países han instituido planes nacionales de acción contra la violencia hacia la mujer.
Los estados están obligados por el derecho internacional de los derechos humanos a asegurar que el sistema de justicia y de justicia penal, en cada una de sus etapas, se encuentre libre de sesgos de género.
En la actualidad, la violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo.
La desigualdad entre los géneros persiste en todo el mundo. Acabar con ella requiere esfuerzos enérgicos para combatir la discriminación profundamente enraizada, que a menudo es consecuencia de actitudes patriarcales y de las normas sociales que estas conllevan.
ALGUNOS DATOS INADMISIBLES
La violencia contra la mujer es la forma más extrema de discriminación y, en los casos más graves, esa violencia puede provocar la muerte. Según datos del citado informe, referidos a 87 países y recolectados entre 2005 y 2016, el 19% de las mujeres de entre 15 y 49 años de edad dijeron que habían experimentado violencia física o sexual, o ambas, a manos de su pareja en los 12 meses anteriores a ser preguntadas sobre este asunto. En 2012, casi la mitad de las mujeres víctimas de un homicidio intencional en todo el mundo fueron asesinadas por su pareja o un familiar, en comparación con el 6% de los varones.
Otro caso extremo de violencia es la ablación. Desde el año 2000, la práctica tradicional nociva de la mutilación femenina ha disminuido en un 24%. No obstante, la prevalencia sigue siendo elevada en algunos de los 30 países que disponen de datos representativos, y en los que, según datos de encuestas realizadas alrededor de 2015, más de 1 de cada 3 niñas de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años habían sufrido esa práctica, en comparación con casi 1 de cada 2 niñas alrededor de 2000.
Además, apenas la mitad de las mujeres de entre 15 y 49 años (un 52%) que están casadas o viven en pareja toman sus propias decisiones en materia de relaciones sexuales consentidas, usan anticonceptivos y acuden a los servicios de salud. Esa estadística se basa en datos disponibles en torno a 2012 sobre 45 países, 43 de ellos de regiones en desarrollo.
Asimismo, la violencia contra la mujer se exacerba en los conflictos armados. En cambio, la igualdad de género ayuda a evitar conflictos, pese a lo cual las medidas en pos de una mayor inclusión, liderazgo y protección de las mujeres en las tareas de la consolidación de la paz siguen siendo insuficientes y, en algunos lugares, incluso se han producido retrocesos en este sentido, según un reciente artículo de ONU-Mujeres, la agencia de las Naciones Unidas defensora de mujeres y niñas.
FALTA DE FONDOS
Una de las principales dificultades para prevenir y acabar con la violencia contra las mujeres y las niñas es la marcada insuficiencia de fondos, que determina que los recursos para estas iniciativas sean sumamente escasos.
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