Existe una afirmación que de seguro siempre has escuchado: ¡Los niños son como una esponja, todo lo absorben! Esta expresión, no deja de ser cierta, puesto que los niños, en la medida en que van creciendo, van aprendiendo todo lo que sus sentidos captan del entorno y como esponjas, aprenden con una facilidad increíble.
Por eso, no es de extrañar que tu hijo de apenas cinco años o un poco más, maneje con mayor habilidad que tú el teléfono celular, la computadora y hasta te deje en ridículo jugando algún juego de video contigo, dándote una paliza incomprensible, de la cual no sales de tu asombro.
Pero así como asimilan estas cosas, también aprenden otras que no son tan buenas y entre ellas están las malas palabras.
Todo empieza en casa
Un considerable número de padres cuando escuchan a sus hijos decir groserías, les parece gracioso, e incluso hay quienes hasta aplauden la hazaña del niño, reforzando con ello una acción inapropiada, que con el tiempo terminará transformándose en un problema perturbador y muy difícil de corregir, puesto que ya el padre o la madre han estado reforzando la conducta desde muy temprano.
Entonces, recurren al tradicional castigo, pensando que con ello pondrán fin al problema, sin embargo, es importante reflexionar acerca de cual sería el resultado de imponer un castigo a un hijo por una actitud cuyas consecuencias son el producto de lo que ha aprendido en el entorno familiar.
Por otra parte, es importante identificar, cuáles son aquellas malas palabras que el niño expresa y que además de ofender a alguien resultan irrespetuosas y crean una mala imagen del chico o chica ante las demás personas.
Cuando las aprenden
Generalmente, los niños comienzan a decir malas palabras a los tres años, cuando empiezan a hablar con mayor claridad, las cuales aprenden muchas veces de la televisión, de hermanos mayores u otros familiares, y también de ti mismo si no haces uso de un lenguaje apropiado.
Expertos en psicología infantil, señalan que la mayoría de los padres, piensan que sus niños por tener muy poca edad, no entienden ni escuchan lo que ellos hablan, y eso hace que no presten atención al lenguaje usado.
Sin embargo, los estudios en esta temática, indican que la mayoría de los niños, aprenden a decir groserías al escuchar a sus propios papás.
Prevenir es una solución
- Se un buen ejemplo para tu hijo, manéjate con cuidado, no uses malas palabras y mucho menos frente a él o ella. Domina tu rabia para controlar tu lenguaje, y si por alguna razón se te escapan malas palabras, pídele disculpas, explicándole que no es correcto hablar así.
- No uses la agresión física contra tu hijo para reprenderle, háblale con inteligencia y demuéstrale tu amor, pero tampoco sonrías o le aplaudas la mala acción, pues con ello estas aprobándola y reforzando la conducta que quieres cambiar.
- Explícale a tu hijo que el usar un lenguaje obsceno no es apropiado y que si incurre nuevamente en la falta, te verás obligado a castigarle, restringiéndole las cosas que más le gustan como jugar, ver tele o cualquier otra que sepas es de su preferencia.
- No lo castigues de una vez, bríndale la oportunidad de cambiar, pero eso sí, ponle en claro que si comete de nuevo la falta tendrá que ser castigado. Y desde luego, si ocurre de nuevo cumple lo ofrecido, porque de lo contrario pensará que no importa cuantas veces lo haga, al fin y al cabo: ¡Papá y mamá siempre me perdonan!
- Enseña a tu hijo o hija a expresar su enojo de la manera más razonable posible, escúchale, muéstrale tu comprensión, y ayúdale a canalizar su molestia cuando haya algo que le perturbe, cambie su estado de ánimo o sienta frustración por que algo no salió como esperaba. Demuéstrale que además de su padre eres también su amigo y estas allí para brindarle apoyo.
- Nunca te dirijas a tu hijo con malas palabras, calificativos discriminatorios, frases hirientes o despectivas, pensando que es la manera correcta de imponer disciplina. Habla, dialoga, maneja la situación con firmeza pero haciendo uso de la sensatez, educa con el ejemplo.
- ¡JAMAS! castigues a tus hijos en público. No le llames la atención a tu hijo delante de otras personas. No lo pongas en ridículo ante los demás solo porque estás molesto, recuerda que eres su padre o madre y estas para dar el ejemplo.

Francisco César M.
CiudadBqto ¡Na' Guará!