Al menos 1.300 personas han muerto en Turquía y Siria por un terremoto de 7,8 de magnitud durante la madrugada de este lunes y cuyo epicentro ha sido cerca de la ciudad de Kahramanmaras, en el sureste de Turquía y a pocos kilómetros de la frontera con Siria. A las 11.24 horas, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) ha informado de un nuevo seísmo de 7,5 grados en la misma zona.

El terremoto, el de más magnitud que se recuerde en el país anatolio desde 1999 —ese, cercano a Estambul, fue de 7,6 y dejó más de 17.000 muertos— ha provocado la destrucción de miles de edificios de viviendas en varias ciudades de la región, como Adana, Antakya, Kilis, Gaziantep, Malatya y Diyarbakir, además de Kahramanmaras.
«Nuestros equipos de búsqueda y rescate han sido mandados inmediatamente hacia las regiones afectadas por el terremoto. Nuestro Ministerio del Interior, servicios de emergencias y gobernadores están trabajando rápidamente», ha dicho en sus redes sociales esta madrugada el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.
En el último balance, Erdogan ha informado de 912 fallecidos en el lado turco de la frontera, así como más de 5.000 heridos y 2.818 edificios derrumbados. El ministro de Sanidad sirio ha consignado, por su parte, más de 326 muertos en las regiones de Siria controladas por el Gobierno de Damasco y de Bashar al Asad, sobre todo en las provincias de Alepo, Hama, Latakya y el Tartús, y más de 1.000 heridos. En la zona controlada por los rebeldes, miembros de los equipos de rescate han apuntado 147 fallecidos.
Con infomación de fuentes internacionales
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