Para aquellas personas que enfrentan grandes dificultades al momento de realizar la lectura profunda de libros, el siguiente plan sencillo fue diseñado por el científico cognitivo, Jeff Saerys-Foy, con el respaldo de datos empíricos:
- Motivarse con datos científicos. Para mantener la motivación, es útil ser consciente de cómo la lectura profunda influye en el cerebro.
- Centrarse sin prisa en fragmentos más cortos. Entender que en el caso de la lectura, la velocidad no es premiada.
- Empezar poco a poco. Si un libro extenso resulta demasiado difícil de leer, como alternativa, se recomiendan textos más cortos —poesía, cuentos o ensayos— y gradualmente pasar a obras más extensas.
- Buscar un compañero de lectura. La lectura profunda requiere esfuerzo, así que conviene tener a un compañero como motivación para terminar un libro.
- Leer en fragmentos cortos. Se recomienda establecer objetivos intermedios, como terminar un capítulo o leer un número determinado de páginas al día.
Por su parte, la escritora Katherine May recomienda valerse de los audiolibros, aunque estos no sustituyan completamente a la lectura, o también revisitar libros favoritos del pasado y dejar el teléfono a un lado siempre que sea posible.
La lectura profunda aporta grandes beneficios cognitivos
El profesor y autor de Harvard, Joseph Henrich, explicó que la lectura profunda reconfigura físicamente el cerebro para el pensamiento abstracto, complejo y sostenido. Si se deja de leer profundamente durante mucho tiempo, “la autopista de la información que conecta los hemisferios izquierdo y derecho de tu cerebro” se atrofia, alertó.
“Cuando el cerebro del lector actúa superficialmente, reduce el tiempo dedicado a los procesos de lectura profunda. En otras palabras, no tenemos tiempo para captar la complejidad, comprender los sentimientos de los demás, percibir la belleza y generar pensamientos propios”, explicó en otra instancia la neurocientífica. Maryanne Wolf.
Fuente: RT
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