Venezuela se encuentra situada entre dos placas tectónicas, la del Caribe y la Sudamericana, que se deslizan lateralmente entre sí y funcionan como una enorme bisagra que concentra alta actividad sísmica al norte del país.
Esta interacción entre las placas ha originado varias fallas geológicas en el territorio, como Boconó, El Pilar y San Sebastián; esta última acumuló energía durante más de 200 años, tensión tectónica que finalmente se liberó el pasado 24 de junio.
Sobre estos eventos tectónicos, el geólogo Feliciano De Santis apuntó que «estos 200 años de acumulación de energía hicieron que el sismo fuera de esta manera, nosotros teníamos en nuestro pensamiento que la magnitud máxima que podía dar esa falla era de siete».
Los expertos atribuyen la magnitud del impacto a la aceleración del suelo en el caso de La Guaira, que superó valores extremos debido a la cercanía de la falla de San Sebastián. Además, suelos en La Guaira tienen saturación de agua por la cercanía del mar, suelos saturados y arenosos que se licuaron y tuvieron desplazamientos. «La gente cree que es algo negativo, pero no; los sismos garantizan que el planeta esté vivo porque generan corteza», agregó el especialista.
«Hay que aprender a vivir con este mecano; esto implica varios niveles: el nivel de lo que es la sociedad civil, que debe tener una mayor cultura sísmica; luego, a nivel municipal, que tiene un papel porque es el que aprueba los permisos de construcción; y luego el nivel del Estado reforzando la institucionalidad alrededor de todo esto».
Los sismos son fenómenos naturales de la tierra que no son predecibles, pero una buena educación en el tema es clave, aseguró el especialista. Por esto, el conocimiento científico sobre la tierra y la prevención activa anula el temor por los sismos y nos ayuda a actuar correctamente en momentos de emergencia.
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