Una vez más el glorioso pueblo venezolano se llena de gloria y enfrenta en las calles una nueva arremetida de la derecha nacional, aupada y financiada por el imperio y la derecha internacional. Como se ha hecho costumbre, la oposición venezolana se comprometió con los que la financian, que el día “D” era el 19 de abril de 2017. Sus seguidores, de nuevo creyeron en esa oferta engañosa y comenzaron a celebrar el derrocamiento del presidente Maduro, y se preparaban para escuchar por alguna televisora, en voz de algún periodista tarifado, la información de que, “hoy 20 de abril, tenemos nuevo presidente” No solo no escucharon dicha información, sino que cuatro días después Maduro sigue mandando, Venezuela sigue el rumbo trazado por el Comandante Eterno y el pueblo continúa enfrentando la guerra económica con el acompañamiento de los CLAP. Esta es una realidad incuestionable, a los ojos del país y del mundo.
Hay que resaltar que el día escogido por la oposición para derrocar al gobierno bolivariano sea el 19 de abril, fecha patria en la que el pueblo venezolano, en 1810, levantó su voz y su poder para cortar los lazos y las cadenas que nos imponía el imperio español. Ese simbolismo no lo tomaron en cuenta quienes planificaron esta reiterada manía de sacar del poder a quien ese pueblo eligió como su presidente hasta 2018. Por supuesto que tenían que fracasar una vez más, porque ese pueblo de 1810 es el mismo pueblo que este 19 de abril de 2017 llenó las calles de Caracas, para decirles al imperio y a la derecha nacional e internacional y sus medios, que no pasarán, que no volverán a gobernar este país, porque hemos decidido vivir libres y soberanos y no ser más nunca colonia de ningún imperio. Ese es el mensaje de esta jornada de lucha. Sabemos que no entenderán ese menaje y más temprano que tarde volverán por estos atajos, pero los derrotaremos para siempre, en cualquier escenario que ellos escojan.
Sin embargo, más allá de la alegría por esta jornada victoriosa, tenemos que lamentar las muertes que se han producido en el país, por culpa de la ambición desmedida de esta elite política, quienes llegaron también al límite de atacar e incendiar centros de salud como el Hospital Materno Infantil ‘Hugo Chávez Frías’, donde hubo que evacuar infantes enfermos y resguardarlos en otros centros de salud. Sabemos que el fascismo no tiene límites, pero este fascismo venezolano traspasó lo que en cualquier guerra con enemigos externos se respeta: hospitales, sectores de residencias urbanas y civiles. En esta circunstancia la derecha venezolana puso de manifiesto todo su odio, racismo y los más recónditos sentimientos de desprecio por el pueblo venezolano y por las instituciones que han surgido en el proceso bolivariano. En verdad es doloroso ver como unos venezolanos son convertidos en fieras, para satisfacer las ansias de poder de una oligarquía parásita y un imperialismo insaciable. La historia los condenará.
JULIO CHÁVEZ
CiudadBqto ¡Na' Guará!