jueves , octubre 19 2017
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Luís Fernando Suárez: Victoria en un planeta de chivos y duendes

El premio de poesía de la UCLA quedó entre chivos y duendes, pues Luís Fernando Suárez, escritor del poemario “Cuerpos de morada” dedicado a Ramón Querales, ha resultado ganador del concurso literario organizado por el poeta Luís Manuel Pimentel a través del Decanato Experimental de Humanidades y Artes de dicha universidad. La institución ha realizado esta semana el acto conmemorativo y a propósito de ello la Decana Gisela Boscán me ha escrito «Con grata sorpresa estamos en la entrega de los premios del concurso literario. Un integrante del grupo de lectura impulsado por ustedes es unos de los galardonados». Lo hermoso es que cuando dice «ustedes» se está refiriendo al Colectivo Cultural El Cuarto de los Duendes y es por ello que muchos podemos sentirnos orgullosos de la victoria del poeta. En tal sentido, este artículo trata en primera instancia de la voz profunda e irreverente de Luís Fernando Suárez, pero también de una lucha colectiva por incluir a la juventud en un proceso de transformación cultural y de los ecos que ha dejado la revolución en el espíritu de todo un pueblo, que es la victoria verdadera.

 

Celebramos y felicitamos esta importante iniciativa de la universidad, pues suma al desarrollo de la literatura en el estado y es pertinente con su responsabilidad de ser una institución que contribuya con el desarrollo cultural y científico del país, además de visibilizar a los jóvenes valores que vienen con mucho esfuerzo realizando una labor loable en torno a la literatura.

 

Puedo decir que Luis Fernando Suarez sostiene este premio con las manos de muchos y esos mucho nos vemos representado en él, pues en estos años se ha convertido en un estudioso de la poesía, que se asombra con las palabras de Antonio Urdaneta sintiendo la magia, celebra las fiestas de Ramón Querales pensando en la decolonialidad y sale a generar discusiones con un tono callejero invocando a Álvaro Montero en las esquinas del universo, pues le trata de pintar a Barquisimeto portales que lo lleven al otro lado del mundo a escuchar jazz o a conocer a Cesaire, en definitiva anda dispersando en los sentidos de la luz su pureza.

 

A propósito de Cuerpos de morada

 

Leyendo este poemario me topo con un misticismo extraño en donde habita lo cotidiano y está lleno de un polvo de caserío, donde los chivos van jugando saltarines entre las cercas de púas, pero están muertos. Es como un dolor que se muestra indeciso de existir y que se extiende sin decirlo y termina siendo parte de los otros y del paisaje dejando una sensación de esperanza. Por otro lado está la vida, el examinar el paso a paso de las cosas, casi con un método… eso hace que el ritmo del poemario sea el mismo siempre y llega a picos que nos exaltan en poemas como «el trajín de las citas», donde uno respira como un volcán.

 

Este poeta recurrentemente dice lo que no es y deja al lector buscar entre el poema lo que es, por ejemplo «no virgen», ¿qué es entonces? ¿prostituta? ¿amante? Por otro lado, también pone en duda sus propias afirmaciones con un «quizá» y deja abierta la puerta de la racionalidad en un mundo en el que todo puede doblarse, es como incluir a Kant en una obra de Cortázar. En este poemario se encuentra un mundo subyacente, proclamas que hay que descubrir, pues como ha afirmado Adolfo Sánchez Vázquez «existe la verdad en la poesía» y con esa verdad se abren las grietas del mundo y de nosotros mismos.

 

Suárez logra hacer de las situaciones y de las cosas que nos hacen habitantes del Planeta Barquisimeto algo realmente universal, donde los sentimientos y las reflexiones de la vida o la muerte se conjugan con una tierra árida. Pensé que viajaría a otros continentes leyendo este libro y cuando lo hice siempre volvía a la Vargas, a una ciudad que son todas las ciudades, a los alambres de púa sobre el paisaje de Siquisique, a las hamacas, y es justo esta característica lo que sella el poemario.

 

Recuerdo que cuando revisé por primera vez el manuscrito de «Cuerpos de morada», le pregunte a Luís Fernando pensando en las veces que compartimos algún poema de Dalton «¿Dónde quedó el socialismo?» y ahora me doy cuenta que el socialismo (en este caso) está en el hecho de que él sea un poeta, de que los duendes sonrían y de que su poesía late con nuestro terruño. En tal sentido celebro estos poemas mientras comienzo a escribir un artículo para cuando publique sus poemas de combate.

 

El chivo planetario

 

Vas por los campos con tu manada

hecho un eunuco ¡siendo un sultán!

Tu sed de sexo nunca se apaga

Federico García Lorca

 

Ritual y sacrificio en el Barquisimeto que se levanta,

desde las carreteras sucias donde la gente indecente

guinda épico y sangriento lo que no merece el paraíso.

 

Chivo de la sequedad

torpeza y sabiduría,

mi alzada ternura está en ti,

donde la muerte no existe.

 

Necio corazón andante en ese cuerpo seco,

los cachos libérrimos, el planeta estallando de tanta quietud,

que si viesen lo que yo vi cuando tomabas cerveza y dejabas

la botella parada sobre la tierra

no dejarían de embriagarse.

 

El chivo tiene memoria,

sabe que los Tres Navíos, las enfermedades, la pólvora

no son casualidad.

 

Entonces simboliza lo desvinculado que están

los desaprendidos respecto a la cercanía.

 

El renacimiento del chivo sucede en todos los arrabales.

Desterraremos corazones

como si echáramos pala mientras ocurre el desfile,

nos llenaremos de tunas con la bebida sin vergüenza,

y comenzará nuestra fiebre en forma de tropel

hasta sentir la autenticidad de su humor.

 

El chivo es sagrado y nos bendice

y no es un pendejo cualquiera sino

un maestro de poetas.

 

L.F.S.

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