
Hace algunos años vengo escuchando a algunos poetas de Lara reclamar el derecho que tiene la región al mar. Este artículo pretende reivindicar tal demanda, cumpliendo con el deber histórico de promover la esperanza y de ser, al mismo tiempo, críticos con nuestra realidad. Es cuestión de soñar para transformar el mundo utilizando hasta el propio crepúsculo como recurso para hacerlo, que se sumen los comuneros y hasta los peregrinos de la Divina Pastora.
Esta semana ha vuelto la esperanza a Lara y en medio de la algarabía pocos notan que la esperanza ha llegado con un timón de barco aun y cuando Lara no tiene mar, apenas un río del que se burlan las toninas del Orinoco y que expresó su última rabieta contra el mundo, llevándose al puente Macuto en el año 1999. En tal sentido, es necesario reivindicar a Aracélis Morr, artista plástico larense que hasta su último suspiro pensó en el rescate de este río tan maltratado y por donde ha corrido tanta historia, dando sentido a una ciudad que aunque amanece mirando al este le corre la luz entre dorados, fuxias y violetas desde el oeste hasta los confines de Buria, tierra de donde se engendró una de las primeras insurgencias contra los colonizadores en 1552 y desde donde nació un reino subversivo que todavía es regido por Yara, como bien llama Francisco Tamayo a María Lionza.
En cualquier caso, llega una Almiranta a dirigir un estado donde debe tocarse desde lo simbólico hasta las cosas más concretas, es decir, donde hay un mar de cosas por hacer. Por ejemplo, Juan de Villegas sigue siendo el nombre de la parroquia más grande del municipio Iribarren aun y cuando fue uno de los conquistadores más sanguinarios de nuestra historia, todavía se puede escuchar crujir su estatua mientras era derrumbada hace algunos años por la gente que se siente indígena, como Pío Tamayo al decir «indio Tocuyo soy» o como Ramón Querales al declararse Ayamán y revivir el verbo de todo un pueblo; la estatua de Juan de Villegas cayó, pero aun su nombre pisa la memoria del Negro Miguel de Buria y de los cientos de miles de indígenas gayones que en la ribera del río Turbio quedaron desmembrados. En tal sentido, valdría la pena por fin decretar, como se ha propuesto tantas veces, esa plaza como la plaza de la revolución y reivindicar al precursor del socialismo científico en Venezuela ¡Ese floricultor de hazañas! Dándole su nombre: José Pío Tamayo. Queda pendiente también con los habitantes de Moran hacer efectivo el traslado de sus restos al Panteón Nacional.
Por otro lado, pareciera muy poético lo del mar, pero resulta ser muy concreto, pues como explica el poeta Antonio Duno, los larenses una vez tuvieron acceso al mar a través del ferrocarril «¡Uno podría estar en Puerto Cabello en cuarenta y cinco minutos!» Por lo que sí, reclamamos el derecho al mar que tienen los habitantes de Lara, exigimos que más allá de las exhibiciones en televisión el tren comience a funcionar, que se le meta el ojo a este proyecto tan importante para la economía y la comunicación de nuestro estado, sólo así podremos los larenses tener puerto y la Almiranta un lugar donde atracar su barca.
Por otro lado, esa línea férrea que parece también una frontera con el norte, donde comienza un desierto y un terminal en el que reina la anarquía, debe ser el mejor ejercicio del «punto y círculo» que hagamos, pues de nada nos vale tener un tren al que la miseria lo rodee. De más está decir que Unión es una parroquia combativa en la que podemos hacer posible el socialismo, que hasta tanto no consolidemos las comunas sólo será un poema surrealista.
Ciertamente, Lara está en este momento, sintiendo en el rostro la misma brisa marina que Miranda sintió al hondear el tricolor sobre nuestras costas y es porque Lara nuevamente es un territorio donde podremos construir desde el poder la Patria de la que nos habló Chávez con esa capacidad que tenia de convertir los sueños del pueblo en realidad. Es por eso que los poetas en esta tierra son revolucionarios, lo podemos ver con el ejemplo de los Morochos de Sanare, de los cuales podemos aprender mucho para poder desarrollar una revolución cultural que desde Torres hasta Palavecino es posible por la inmensa cantidad de cultores que hoy siguen trabajando junto al pueblo, a pesar de la falta de políticas para el sector.
En fin, podríamos seguir navegando en el mar de cosas por hacer ¡pero ya vendrán muchas asambleas! En todo caso, quedan demostradas dos cosas: 1) que no es una locura la exigencia de nuestro mar; y 2) que hasta en la política los poetas están conectados con el futuro a través un hilo anaranjado que cruza una siembra infinita de girasoles.
¡Almiranta! Este trabajo costará tanto como volver a Ítaca, pero vale la pena, pues no hay puerto más seguro que el corazón de este pueblo.
Con la palabra en la mano: génesis
Tamunangue, cocuy, colibrí, metamorfosis,
amanecer, salmo, sirena, puerto,
turas, turbio, rojo, ¡mil veces rojo!
corazón, y girasol, y chícora, y crepúsculo,
puente, tinaja, poesía, bandera…
Y así van las bestias haciendo con la boca el mundo
tejiendo a Dios a su imagen y semejanza
y trancando las calles para que un día les llegue el agua
DAVID GÓMEZ RODRÍGUEZ
@DAVIDGOMEZ_RP
CiudadBqto ¡Na' Guará!